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Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 12, 2013 3:24 pm

Aquel chino hábil como una rata se había liberado del agarre de Laurant y ahora regresaba a la acción, maldita sea, se había escabullido de forma tal que el castaño no había podido hacer nada; ahora se encontraba allí acuclillado, con los ojos bien abiertos y observando todo su entorno, viendo cual sería la chispa que haría volar por los aires aquel caldero oriental lleno de tensión. La dama del parche había cobrado todo el protagonismo y ahora mostraba una dureza encomendable revelándose contra Han y sus hombres, haciendo gala de un despliegue de feminismo y fortaleza que era difícil de imaginar en una situación tan tensa como la que acontecía, pero aquella chica ya había demostrado unos recursos más que amplios y descartada ya estaba su imagen de "civil".

El único que no se movió allí fue Laurant, ya que Ioren en un nuevo despliegue de habilidad había mandado a otro chino a viajar por la habitación, quedaban pocas opciones realmente, y cuando Laurant comenzaba a sopesar seriamente el hecho de encender una bomba y llevarse tanto a las mujeres como a Ioren al hombro, tal y como si fuese un burro de carga, un estridente sonido inesperado le puso los pelos de punta, las alarmas habían saltado y todo se había sumido en un escándalo de proporciones bíblicas. Fue entonces que se percató de como aquel tipo, Han, se llevaba una mano al cuello mientras un denso liquido rojo brotaba de entre sus dedos como una fuente. PERO-QUE-CARAJOS-ACABABA-DE-SUCEDER!; el castaño parpadeó varias veces y se llevó ambas manos al a cabeza en incredulidad, como había?.... pero quien le?... oh por dios, las cosas se estaban yendo al cuerno, ninguno de los comensales allí presentes, ni siquiera la camarera parecían ser quienes lucían, todos ocultaban algo y la olla se destapaba poco a poco.

El grito de Ioren le sacó de sus pensamientos al sugerirle que debían marcharse... nunca más acertado su plan, con las alarmas arriba la policía llegaría en cuestión de minutos, y dar explicaciones sobre bombas, armas y asiáticos muertos no estaba en los planes de Laurant para una cita agradable. Con una mirada le dio el OK a su compañero y rápidamente se puso de pie, dirigiéndose hacia las puertas vidriadas que daban a los balcones pensados para ofrecer mesas al aire fresco, aquella sería ahora su ruta de escape. Se giró sobre sí mismo y miró a las dos mujeres, enseñándoles una amplia sonrisa y practicando una elegante reverencia como si se tratase de todo un caballero ingles, entonces les guiñó el ojo a ambas y dejó escapar un juguetón -señoritas... buenas noches.- Entonces antes de dar tiempo a reacción o respuesta se lanzó en un clavado por aquel balcón, lanzándose contra un poste telefónico, aferrándose al mismo y deslizándose hacia abajo como si se tratase de un mono, comenzando una rápida carrera hacia los callejones distantes una vez pisó tierra; vaya loca velada, al menos había podido comer, hablar un poco con Ioren y patear traseros asiáticos... que más podía pedir?... ya todo ésto, donde demonios estaba Ioren?, esperaba que pudiese alcanzar el frenético ritmo del castaño quien buscaba por todos los medios alejarse del restaurante lo más posible, conservar el anonimato era el cuerpo y alma de su profesión.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 15, 2013 8:34 am

La vida se le iba a borbotones. Gotas carmesí fluyeron de su cuello primero como lágrimas, sintió el golpe del cuchillo y la entrada del filo pero no lo relacionó con una herida; fue la sorpresa la que dominó, luego la sensación de algo tibio correr por su piel... Tan similar a esa alerta de una herida que da el cuerpo a veces, como si algo corriera por encima cuando es solo la sangre retornando a su pulso normal. Por un instante sonrió, no entendía nada.

Luego vino la realidad, cuya música de fondo era la alarma. Pestañeó un par de veces, intentó hablar y solo escapó de sus labios un gorjeo débil, el preludio de percatarse bien cómo era todo: Se llevó ambas manos al cuello y, al tocar el cuchillo, el mismo se movió ligeramente desde el centro de su tráquea hacia la izquierda. Fue todo lo que se necesitó, la presión arterial enloquecida por el dolor que Han aún no sentía, pero físicamente estaba ahí, dejó escapar un delgado chorro de sangre, intermitente, que lo hizo caer de rodillas mientras se miraba las manos manchadas con rojo. ¿Cómo había pasado? ¿Cómo había llegado a ese final? La vida pasó ante sus ojos, siempre había sido un ser corrupto y sabía que se iría al infierno junto con muchos que había asesinado en el pasado; miró a Laqi como si quisiera entender, y se encontró con una mirada desesperada y arrepentida... ¿Pese a todo? ¿Pese a que lo había ofrecido como carne de cañón...?

Sonrió. Era un idiota sin remedio, acostumbrado a tomar órdenes más que a darlas. Lo había criado por 5 años para ser su ayudante y heredero, y así era cómo le pagaba: Con acero inoxidable y sangre de un viejo chino vendido a la yakuza. Y sí, era él quien se lo había buscado... Así que quiso reírse de la muerte cuando la vio a la cara, pero no alcanzó: Sus rodillas fallaron y cayó hacia adelante. El cuchillo terminó de enterrarse en su cuello, lo atravesó y la punta ensangrentada salió por debajo de su nuca, visible a través de los pocos cabellos que le quedaban en la zona. La muerte tras eso fue inmediata, no podía respirar y solo quedó su rostro pegado al suelo, los ojos abiertos de par en par y aquella sonrisa brutal colgada de las comisuras de sus labios.

Ese era el final que parecía merecer un abusador en todos los sentidos, alguien que había vendido su honor y lealtad para conseguir solo un poco más de dinero y un poder falso.

Las palabras de Silvia habían llegado profundo a un sector escondido del pecho de Fang, causándole una leve irritación que nada tenía que ver con molestia o ira... Estaba más relacionada con culpa, vergüenza, quizás un poco de melancolía. El "¿Qué bajo crees que tiene que caer alguien para querer estar con  alguien como tú?" le había hecho pensar en algo: Ella. Ella había estado con hombres así, ella había caído tan bajo aunque nunca había querido. Era niña, era ingenua, era usada... Era alguien manipulado por la vida para no ser nunca normal, no tener esas dudas morales porque no compartía el concepto moral de la mayoría. Si lo "normal" era lo que dictaba el 100% de la gente, ella estaba en un número negativo que no pertenecía a nada. Las lágrimas afloraron antes de que pudiera seguir pensando, anegaron sus ojos y resbalaron por las mejillas pálidas; si bien no sentía mucho, era un acto impulsivo de su cuerpo para intentar liberarse de la presión interna y la adrenalina. Era una de esas rarísimas situaciones en las que la tercera, la que no era Fang ni Stefania, sino la del pasado, tomaba el mando por un par de instantes y la hacía reaccionar de maneras imprevistas.

Estaba demasiado quieta, ni siquiera sollozaba. Perdida en ese mundo particular que incluía una dura auto-recriminación por cosas que no podría haber controlado nunca, con suerte sabía que estaba aún sentada. Sabía que los demás acababan con los oponentes, que el joven de ojos carmesí no entendía nada y Laqi miraba a sus alrededores como si no supiera qué había pasado, o qué esperar. Lo vio moverse un poco y luego escuchó algo... Algo encima del ruido de la alarma y sus propias palabras mentales, más duras de las que cualquiera podría proferir alguna vez contra ella.

-¿Te encuentras bien? ¿Te han hecho daño?

Eso la sacó finalmente de su espiral interna en la que siempre terminaba bajando en vez de subiendo, pestañeó y miró a Silvia como si la viera por primera vez en su vida.

Tuvo ganas de gritar. De decir "No, no estoy bien, estoy dañada. ¡Irremediablemente dañada!  No importa, de todas formas no lo entenderías. ¿Sabes por qué? Porque tú estás del lado correcto. Yo estoy en el lado mojado de la calle, el que tiene a la basura de esta ciudad."

Pero era Fang. Jamás diría algo así, jamás podría revelar ese tipo de dudas, nunca osaría dar la más mínima señal de arrepentimiento. Así que solo asintió ya que su turbación no era solo fingida: Las causas eran distintas, el resultado similar.

-No me hicieron nada... -Ellos no. ¿Pero cuántos más...?- O sea, no, no me hicieron daño. -Apoyó las manos en la mesita a su lado y se levantó con algo de dificultad bien fingida, prontamente volvía a su centro y las lágrimas se secaban rápido aunque su rastro ardía. Entonces Ioren se acercó y preguntó sobre su estado. Volvió a asentir, moduló un silencioso "Gracias" y prontamente él y Laurant se habían marchado. Al segundo le había sonreído por un instante, gesto trémulo en el que sus ojos azules estaban aún enrojecidos y lejanos.

¿Y Laqi? En algún momento había decidido correr a perderse por las escaleras. Al escuchar la alarma de incendios, los comensales habían decidido irse del restaurante bastante asustados, esperando en cualquier momento una explosión de gas o llamaradas salvajes. Los trabajadores huían por una puerta trasera que daba a un callejón algo abandonado a no ser por algunos perros y gatos; Suzie entre ellos, ya sin uñas por comérselas demasiado rápido, vio a Laqi huir entre los clientes con algo entre las manos que cuidaba como si fuera el hueso de uno de sus antepasados. Dios, algo terrible había pasado. Dios santo. Ya escuchaba las sirenas lejanas de la policía.

Eso mismo escuchó Fang y, luego de correr a recuperar su chaqueta de la silla, aprovechando que era ella misma otra vez y que tenía a Silvia cerca ahora que los dos jóvenes se habían retirado, se aferró a una de sus mangas con ambas manos.

-No quiero estar más aquí. Por favor... - Dejó que sus ojos expresaran una supuesta urgencia y la tiró hasta que bajaron por las escaleras; ya no había nadie en el restaurant, ni siquiera alguien que vigilara el sitio, por lo que pudieron caminar rápidamente entre las mesas. Los dedos de una mano entonces se aferraron a los de Silvia, percibiendo su calidez en contraste con el hielo que estaba en su interior: Sin saberlo, sin siquiera intuirlo, estaba usando la palabra que Silvia antes había usado para definirla como una forma de conseguir una pequeña manada. Ese concepto foráneo de "amiga" la había hecho buscar contacto físico.- Lo lamento, no pensé que... No creí que algo así pudiera pasar. De verdad.- Al salir el aire frío las recibió, las horas pasadas desde su arribo al Duōshao qián habían enfriado la noche. Afuera había demasiada gente, y pudieron perderse entre las personas mientras Suzie las miraba desde lejos... Al menos habían escapado. Ya al estar entre el gentío, Stefania bajó la velocidad y caminó a través de los grupos que conversaban hasta llegar a un sitio algo lejano, más silencioso.

Suspiró. Una escapada larga de aire, que dejó entrever su agotamiento por el larguísimo día y la noche llena de eventos demasiado particulares. Pero sonrió débilmente a Silvia, soltando su mano al tiempo en que se ponía la chaqueta encima. Aún parecía algo temblorosa, al menos débil, pero también parecía tener una poderosa fuerza interior que la hacía mantenerse en pie incluso con todo lo sucedido.

Notó en el bolsillo de la chaqueta algo, y sacó del mismo una... ¿Galleta de la fortuna? ¿Acaso la había guardado allí, o se había caído accidentalmente? La miró con clara curiosidad y sorpresa genuina, era algo tan salido de toda lógica que desafiaba su estricta forma de pensar. La rompió y extendió una mitad de la galleta a Silvia, la misma siendo levemente dulce y muy crujiente. Sacó el papelito y lo leyó.

Entonces rió levemente, un sonido ligero y totalmente ajeno a lo sucedido hace poco. Volteó el papel y se lo mostró a Silvia para que pudiera leer.

"Este será un día lleno de aventuras. ¡Tendrás buena suerte al encontrarte con alguien especial! Número de la suerte: Cuatro."


Curiosamente, cada uno tenía también una galleta en algún bolsillo, resquicio de la ropa, donde fuera que pudiera caber una. Todas eran distintas en color e incluso en el sabor porque el restaurant era reconocido por siempre variar en las cosas y llamar la atención de sus clientes.


Ioren: "El camino del lobo es solitario. ¿No sería mejor ser un cisne blanco? Tu color de la suerte: Blanco."

Laurant: "Hay fuerza en los números, pero la amistad sincera de una sola persona es más confiable que un gran grupo de desconocidos. Número de la suerte: Dos."

Silvia: "¡Mira dónde pisas, nunca sabes dónde está la guarida del lobo! No todo es lo que parece. Tu color de la suerte: Azul."
------------------------------------------

Spoiler:
Si desean agregar un post más para finalizar sus historias personales en el hilo, encantada los recibiré. Luego vendría, finalmente, el epílogo. Si no, no hay problema, simplemente cuelgo el epílogo.

La pasé genial roleando con ustedes <3 Espero poder armar alguna otra cosa con este cuarteto de destructores de la sociedad pronto~

PD: Como no tengo nada que pueda regalarles, porque ya tienen de todo -sobs-... Here's a little something. La patita de lobo es porque yo tuve el agrado de narrar para ustedes~:

Spoiler:

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 15, 2013 3:51 pm


Bajo las luces del Duōshao qián

[EPÍLOGO]

Las ambulancias se habían retirado con los cadaveres, los encargados habían limpiado e intentaban dominar sus crisis nerviosas con remedios. Suzie no estaba en ningún lugar, había huido para irse a llorar a la casa de su abuela materna. En los records de la policía quedaría que Laqi, sub-jefe de una pequeña mafia local, había asesinado a su lider luego de una reyerta en la que todos habían quedado muertos o incapacitados. Los segundos se negaron a hablar, cayeron en la cárcel y saldrían en un par de años con mucha suerte.

Faltaba poco para el despunte del amanecer. El aire era más frío que nunca, dotaba al ambiente de un supuesto hielo aéreo que se pegaba a la piel y cauasba un leve dolor; era una de las mañanas más frías que New Haven hubiera visto en bastantes años. Quizás el amanecer propicio para una situación como la que se desarrollaría.

Se mesó el cabello negro y lustroso, su cansancio era evidente. Había dormido solo un par de horas luego de lo sucedido, y luego había recibido la orden de presentarse en ese edificio: Le gustaban los lugares altos, y siempre quería hablar cosas importantes en azoteas o balcones, incluso cerros con buena vista. Aparte de ser apartados, proporcionaban un buen avistamiento de la ciudad y despejaba la mente... O algo así. No recordaba bien las palabras, pero lo intentaba. Así quizás entendería...

Escuchó la puerta abrirse con lentitud y volteó. Aquel chino alto, Laqi Wan -Juego de palabras de "Lucky One"- se acercaba... Con las mismas ropas de la noche, evidentemente nervioso y sudado. Sus ojos oscuros le miraron con una mezcla de terror y decisión, los ojos de quien no tiene que perder. Prontamente la ira deformó sus rasgos hasta convertirlos en una máscara de teatro infeliz.

-¿Por qué? -Las palabras fueron calmas pese a la rabia, estaba bien entrenado para no demostrar tanta emoción aunque nunca le ganaría. Por supuesto, hablaba en la lengua natal de ambos.- ¿Por qué quiso salvarme? Hubiera sido más fácil dejarme morir...

-No te equivocas. Hubiera sido más fácil, pero sin ninguna ganancia... ¿Qué ganaba Wushi si yo te dejaba morir y permitía que mataran a Han contigo? Una mafia acéfala, guerrillas internas y venganzas que incluiría ataques contra los que estaban ahí... Y, como viste, más perderían ustedes que ellos.- La figura dio un par de pasos hacia Laqi, movimientos calculados que recordarían quizás a un animal de caza cuando encuentra a una presa agradable.- También viste como fueron manipulados sin que lo supieran. Son sin duda fuertes, pero aún jóvenes y en cierta medida inexpertos... -Cambió el peso a la pierna diestra, cruzando los brazos frente al pecho.- Ustedes creyeron tener todo bajo control en un barrio que ni siquiera es suyo, sino de Wushi. Así que te propongo, ya que es obvio que no la tuvieron nunca, tomar la jefatura no solo de las calles, sino de los negocios y edificios privados que ustedes poseen. Si no aceptas, simplemente terminaremos todo ahora y no volveremos a hablar. -Amenaza velada que Laqi bien entendió.

El chino se estremeció no solo de rabia, sino de miedo. Empezó a temblar y se arrodilló en el suelo, la pose clásica para demostrar fidelidad y humillación ante un ser mucho más valioso que sí mismo, posó la frente en el suelo y sus manos permanecieron escondidas en el regazo. Aún se estremecía, la figura le miraba impasible y el sol apenas empezaba a notarse gracias a un suave naranja purpúreo que manchaba los cielos.

-No se lo recomiendo.- Fue una voz suave, femenina. Sintió el delicado beso del cañón de un arma en la nuca y dio un salto corto en el terror.- Suéltela, Laqi. Ese hombre, Han, iba a tirarlo a los perros si era necesario para salir él con vida... Le ofrecemos algo mucho mejor.

¿Acaso ese hombre...? El cañón retrocedió y él miró otra vez al sujeto... Alto, delgado, bien parecido. Lo que siempre se había imaginado cuando escuchaba Blue Fang, vestido con un traje de artes marciales... Mirada fría que prontamente cambió a una aliviada y humilde. No, no podía ser.

No, no, no. Dejó caer el arma a un lado, levantó los brazos mostrando su rendición y sus temblores fueron ahora espasmos de miedo.

La misma jovencita de ojos azules de la noche anterior lo rodeó, sus ojos los pozos sin misericordia que había mostrado por un instante mientras lo miraba en el restaurant. Vestía las mismas ropas, no parecía haber dormido nada y se posicionó al lado del hombre que realizó una reverencia ante ella y caminó rápidamente para irse. La joven se apoyó en una saliente de concreto que guardaba los cables y cañerías del edificio, reposando la Desert contra uno de sus muslos.

-... No le mataré, Laqi. No soy Han, no tomaré medidas extremas contra lo que considero una reacción honorable dentro de todo... ¿Quería matar a Blue Fang, no? ¿Tomar venganza? Pues aquí no está, Laqi. Pero ahora sabe que siempre estará tres pasos por delante suyo. Aquel joven fue el primero, yo soy el segundo y Fang siempre será un secreto. ¿Entendido...? -El asiático asintió innumerables veces, ya sollozando de miedo. Era cobarde por naturaleza, pero curiosamente también se sentía aliviado de acabar con su vida anterior. Aquella mujer, quizás adolescente, sonrió sutilmente aunque sus ojos seguían fríos y calculadores.- Todos podemos sacar algo bueno de esto. Usted será parte de Wushi, que lo protegerá y le otorgará privilegios sobre ciertos negocios a cambio de una paga establecida en cuotas mensuales. Nosotros ganaremos sus fuerzas no solo en dinero, sino en hombres y armas. ¿Ve? Aparte, le otorgaré control total sobre sus hombres mientras trabaje para mí, ya que Fang lo desea así. Podríamos decir que confía en mí, aunque él nunca confía en nadie... -La misma sonrisa que parecía esconder un secreto.

Él solo asintió muchas veces, volvió a posar la frente contra el concreto y se rindió por completo. Siempre había creído que Han era un viejo zorro de la mafia, pero ahora veía que nunca había sido. Entendía ahora lo secreto de los planes y golpes, era porque tenía siempre sombras sobre su cabeza que podían destruirlo en cualquier segundo. Aquella joven le ofrecía protección... Y eso le interesaba más que el dinero y la reputación. La necesitaría más que nunca, la policía lo buscaba por el asesinato de Han. Quién sabía cómo, pero se habían enterado de que él había lanzado el cuchillo aunque nunca sabrían que aquella jovencita de inocente aspecto y brillantes ojos azules era quien había dado la orden. Y aún así aquella chica no era el principio de la cadena...

Sintió deseos de vomitar, pero aguantó.

-Lo primero que quiero es que quite las alertas contra los otros tres, sus descripciones y la amenaza de búsqueda. Al menos la mujer de cabello blanco está bajo la protección de Blue Fang temporalmente, las cosas podrían cambiar de un día a otro si es necesario. Le avisará a través de mí si es necesario tomar alguna acción contra ellos, y usted acatará sin negarse de ninguna forma. -El chino asintió.- Muy bien... Ah. -Sacó del bolsillo de su chaqueta un móvil negro, pequeño y viejo, que lanzó a Laqi para que él lo alcanzara a tomar justo en el momento adecuado antes de que se diera de lleno contra el suelo.- Hablaremos a través de él. No tiene ninguna información y, cada vez que le llame, borrará luego el número. No quiero errores con este sistema, Laqi. No quiero errores con nada.

Dicho eso, caminó para tomar el arma de Laqi del suelo -manos enguantadas, notó él ahora- y sacar todas las balas menos una. Entonces la tiró al suelo como si fuera el juguete de un niño.

-Usted decide. La vida o la muerte, Laqi. Wushi o el infierno.

Escuchó los tacones perderse tras la puerta, y ni siquiera acercó la mano a la pistola...

Era un cobarde, y los cobardes siempre preferían la propia vida ante todo.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

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