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Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

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Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 11, 2013 10:41 pm


Demonios. Para que iba a negar que le costaba estar parado ahí. Oh, ¿Porque el muchacho albino se sentía tan estúpido?, no, claro que lo sabía. Se sentía tonto porque había hecho molestar a su compañero por...¿Porque demonios estaba molesto Laurant con él? Bien, debía admitir que era tan despistado en este sentido como para no tener la más mínima idea de lo que había ocasionado el comportamiento extrañamente frío de su amigo. Y ahora esta ahí, donde las luces rojas iluminaban una larga y colorida calle, cubierta por la calidez de una tierra lejana y carismática como lo era China. Ioren no conocía China, de hecho, ni siquiera podía recordar bien su tierra natal, Grecia...con suerte podía recordar algo de su historia, pero nada más, incluso el recuerdo de sus padres era lejano.

El muchacho se hallaba vestido como cualquier otra persona común. Con un vaquero gastado de tono negro, unas botas de cuero lo bastante cómodas para no estorbarle, una remera de manga corta de tono blanco y sobre esta, un buzo negro con capucha, aunque la misma no la llevaba puesta sobre la cabeza, sino mas bien, colgando por su espalda hacia atrás. El cabello iba tan desordenado como siempre, no había caso con él y era mejor no perder tiempo en tratar de domarlo. Sus orbes grises miraron hacia el cielo. La noche había cubierto el barrio chino y con ella, todo se había llenado de actividades. Viniendo de su lado, podía escuchar la música y las risas provenientes de dentro del local al que había invitado a comer a su amigo. Ambos eran fanáticos de la comida china y no les haría nada de mal conocer un poco más de la inmensa ciudad en que ahora residían, aunque el hecho de estar en "territorio enemigo" estaba muy lejos de sus pensamientos, por lo que por lo mismo, no demostraba preocupación alguna. Era una noche en la que esperaba pudieran ver cosas nuevas y por que no, probar algo del menú que aquél local debía ofrecer.

Ioren suspiró. Duōshao qián, así se llamaba el lugar y aunque en su mente sonaba bien, cuando trataba de decir correctamente las palabras, parecía como si su lengua se trabara. No estaba hecho para los idiomas, menos para el chino y sin embargo, le encantaba oír a aquellas "musas" que tocaban el ruan (un instrumento de cuerdas chino) mientras sus dulces voces armonizaban todo a su alrededor. Había visto a una de ellas una vez, tocando en una plazoleta de New Haven, a cambio de algunas monedas. Meneó la cabeza, este lugar lleno de curiosidades, podía hacer que la hora corriera realmente rápido frente a sus ojos mientras lo admiraba todo, pero al fin recordó mirar su viejo y gastado celular, solo para mirar la hora. Eran las diez en punto, la hora a la que había invitado a su compañero y el momento justo en el que las puertas del club se abrieron sin saber bien porqué.

En algún momento pudo haber pensado que Laurant no iba a venir, hasta que lo vio allí parado, con la misma expresión de antes. La noche tenía realmente mucho que mostrar a los que justo en ese momento se hallaban en los alrededores, sobre todo a unos cuantos que sin saberlo ellos mismos, esa noche terminarían conociéndose, para bien o para mal, sería la noche y los mismos hechos que se desencadenaran, los que decidirían aquello.

—Pensaba que terminaría comiendo solo en el club.

Spoiler:
canal con el que me inspiré para el post(?) http://www.youtube.com/user/MadePossible?feature=watch

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 12, 2013 3:24 pm

El Da chan quien??... vaya que era malo con los nombres orientales, bastante tenía con el idioma del continente norte el cual le había tomado demasiado tiempo aprender y le había traído más de un dolor de cabeza, sumado a eso, ahora se suponía que tenía que manejar la lengua asiática?... bitch please. Suficiente con que había aceptado la invitación de Ioren, desde que la misma había llegado a él hasta el día en el que se produciría el encuentro se había pensado mil y una vez si debía asistir, todavía no había sanado su ego y su descontento ante la decisión de ascenderlo a líder de Sword tampoco había bajado, odiaba el resentimiento, pero era algo que no podía manejar. Tenía miedo, tenía dudas, tenía ira, así como se habían perdido los otros lideres, así como habían tenido que ocultar sus rostros bajo horrendas mascaras, ya no podría ver la tímida sonrisa de Ioren ahora que tenía que jugar un papel mucho más importante en aquella obra de teatro que suponía New Haven?.

Finalmente y tras mil vueltas, decidió que no sería sano ignorar la invitación, solo lograría agriar más la relación entre los dos, y a decir verdad, desde el nombramiento del peliblanco, ya no lo había vuelto a ver exceptuando la reunión en el bosque, lo echaba de menos y hasta le hacía falta cruzar algunas palabras con él, solo debía intentar contener su ira y su decepción, debía ser capaz de domar los caballos en llamas que galopaban en su interior. Conocía a Ioren, aquella no era una cita formal, solo era una comida con su mejor amigo, no necesitaba acudir de smoking, excesivamente formal. Rebuscó en su armario y optó por algo simple, muy a su estilo; unos pantalones cargo, varios talles más grande, plagado de bolsillos y coloreado completamente en gris, vistió una camiseta sin mangas y sobre ella, la chaqueta de cuero negro que tanto le gustaba y en tantas aventuras le había acompañado.

Estando completamente acicalado y vestido, repasó la dirección; conocía poco y nada del barrio chino, solo había estado dos veces allí y ninguna había sido por trabajo, solo recolectar algunas cosas o comprar algo de la exótica comida que los orientales tenían entre sus hábitos. Pero el lugar le sonaba, había oído de un nuevo restaurant que hacía las delicias de los paladares más exigentes... Ioren había subido varios escalones en gusto desde su ascensión a líder, y Laurant se preguntaba que más había cambiado en su antiguo compañero de viaje. Resolvió tomar un taxi y detenerse varias manzanas antes del punto acordado, todavía desconfiaba de su entorno, no sabía hasta donde llegaban los ojos y oídos de la ciudad, sabía que cualquiera podía tener presente quien era él y a que grupo pertenecía, solo podía esperar que al menos ese día, nadie le reconociese. Por fortuna la noche no era particularmente fría ni las calles estaban atestadas como solían estarlo durante el día, era sin duda una noche ideal para despejarse, y quizás comenzar las cosas desde cero.

Desde la calle principal que desembocaba en la entrada del restaurant, el cual pudo ver en todo su esplendor gracias a su decorado típico del lugar en el que se encontraban, y que incluso hasta fue capaz de percibir la curiosa pero deliciosa melodía que provenía del interior; Laurant avanzó mirando en todas direcciones, el barrio Chino parecía un mundo aparte en la noche, maravilloso y mágico, no importaba una mierda estar en territorio enemigo, en aquella noche cualquiera podría venir a matarlo, él moriría con una sonrisa ante el sorprendente despliegue nocturno de aquel rincón arrancado de Asia y llevado a New Haven. Pero su atención se desvió desde el panorama a la silueta de su amigo, allí estaba él, casual y con su cara de niño bueno que le caracterizaba, su cabello despeinado y su ropa para pasar enteramente desapercibido... maldito gusano, todavía le gustaba más que a nada en el mundo, y el sentimiento de cariño se lanzó en una batalla cuerpo a cuerpo contra su odio, su miedo y su decepción generando un tornado en su interior el cual no sabía como controlar.

Apretó los puños y hasta hizo rechinar un poco sus dientes mientras se acercaba, le habría gritado, dicho que era un idiota por haber aceptado, que lo odiaba por no haberlo buscado ni dicho nada al respecto, por no haber pedido su opinión... haberle gritado que lo odiaba por tenerlo preocupado, por que ahora el peliblanco era mucho más que el castaño, era un ser superior, y Laurant solo era un lacayo a su servicio, teniendo que hacer lo mejor posible para que otro "semi-dios" no llegase a matarlo y clamar su lugar en las calles de aquella ciudad. Pero no pudo; se detuvo a poco menos de un metro de Ioren, le miró a los ojos fugazmente y entonces bajo la mirada, volviendo su expresión neutral y fría, del mismo modo que había sido desde días atrás. -Casi lo haces, casi tuviste que comer solo...- respondió en tono apagado mientras levantaba una vez más la mirada y sonreía tenuemente, casi sin ganas. -Tiempo sin vernos, pensé que te habías olvidado de mí- agregó mientras su mirada volvía a subir y se posaba en la fachada de aquel restaurant. -Lindo lugar que elegiste... entramos?- sentenció antes de avanzar, sin esperar una respuesta o una palabra de su anfitrión; atravesó las puertas y allí espero a que Ioren le guiase, la noche era joven, las palabras fluirían por si solas en el momento exacto... o eso esperaba.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 12, 2013 5:22 pm

Spoiler:
Lo siento pero prefiero algo más animado xu´> http://www.youtube.com/user/yoshidabrotherstv

A aquellas horas de la noche, el local aún mantenía a algunos clientes en su interior. Desde que los clientes habituales que podían pasar por asiáticos hasta aquellos que no necesariamente tenían estos rasgos. Mujeres, hombres, niños, mafiosos, asesinos, todos convivían durante un breve tiempo bajo el mismo techo mientras que un par de sujetos, casi al fondo del establecimiento, se dedicaban a tocar sus tsugarus shamisen.

Era un establecimiento que contaba con dos pisos; el segundo, el más elevado, era más reducido que el primero, y daba la impresión de ser un balcón interior, pero ambos pisos estaban repletos de mesas cuadradas de maderas. Eran para cuatro personas cada una. Las paredes del lugar eran una mezcla de madera y paneles: cada pared estaba compuesta de tres marcos superiores e inferiores de madera pulida, posiblemente caoba, mientras que los paneles centrales de cada marco estaban pintados en un sobrio pero limpio y brillante beige que resaltaba con lo oscuro de la madera. Cada panel superior central contaba con un pequeño cuadro de corte chino en el que se podían ver mujeres finamente dibujadas en tinta con algunas inscripciones a un costado, como también árboles, paisajes, un trigre, un dragón en otra.

En el centro del lugar se hallaba una pequeña pero llamativa fuente de piedra en la que descansaba un buda sentado en posición de loto. De sus manos brotaba el agua de la fuente la cual daba hasta el pequeño estanque que se cernía frente a él, en el que dos peces koi, uno negro y otro blanco, nadaban en sincronía como si fuesen amigos inseparables desde tiempos remotos. Al fondo del lugar, casi al lado de donde se encontraban los dos hombres amenizando el ambiente con su música, se podía ver una puerta corrediza. Posiblemente daba a la parte trasera del restaurante. En un costado, estaba una puerta blanca que, a todas luces, daba hacia la cocina del lugar pues uno que otro camarero entraba y salía por la misma, llevando los platos en sus bandejas así como las bebidas.

Se notaba la ausencia del típico mostrador en el que la gente se acercaba a realizar sus pedidos. En su lugar, cerca de la entrada del establecimiento, se observaba un pequeño recibidor de madera tras el cual se hallaba una joven ataviada con un qipao plateado y brillante, lleno de diversos detalles de flores rosa pálido, naranjas, rojas, violetas, hojas verdes. Había una armonía en todas sus flores quizás por los tonos pasteles de las mismas como por los diversos tamaños que tenían cada una. Cargaba con un parche del mismo color de su qipao solo que éste estaba adornado con una única flor rojiza de hojas verdes y grandes. Aquella noche, la gerente del lugar se hacía cargo de recibir a los nuevos comensales, no tanto por falta de personal -igualmente dejó ir temprano a la chica encargada de ocupar ese puesto- sino por decisión propia: a veces era mejor atender y recibir uno mismo a aquél que te da de comer. te asegurabas de causar buena impresión con ellos y tenías oportunidad de estrechar lazos con los mismos. Su padre hacía lo mismo cuando invitaba a cenar a los peces gordos, ya fuesen del gobierno o de la misma mafia.

Levantó la mirada del papel que se hallaba frente a ella y la dirigió hacia los hombres recién llegados al local. Les dedicó una amplia pero amable sonrisa. Ella no los conocía, o no los reconocía, pues de escuchar sobre el tipo de personas que podría encontrarse en la ciudad ya había oído hablar bastante. Alguna que otra noche en un bar, un contacto bien hecho, las discusiones matutinas en un autobús, podían ser una mina de oro en cuanto a información se refería. Información no confirmada pero su experiencia podía asegurarle que las mismas eran sinceras, sino, ¿por qué un buen amigo podría contarle a otro, mientras hacen la cola del banco, sobre los rumores que rondan alrededor de las familias mafiosas más importantes de la ciudad? ¿O por qué una señora en el supermercado podría decirle a su vecina que oyó unos pasos sobre su casa la noche anterior? Sea como fuere, eran clientes, y debía de tratarlos como a tales independientemente de su origen, intenciones, bando al que pertenecían o ideología política o religiosa.

-
Bienvenidos sean al Club Duōshao Qián. ¿Desean alguna mesa, señoles?

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 12, 2013 6:36 pm

La noche habia caido ya sobre la ciudad, iluminada por las farolas que alargaban las sombras de todos aquellos que pasaban por aquel lugar. Vestida con su ropa habitual una joven de pelo blanco caminaba en silencio, a su lado un poco distanciado de ella pero siguiendo su paso se encontraba un muchacho de pelo azul que miraba a su alrededor como si todo fuera su enemigo.
Silvia lo miro de reojo comprendiendo porque su jefa lo habia puesto a su lado, ambos eran los soldados mas callados del peloton y aunque esto no supusiera un problema en si la falta de comunicacion del muchacho podria suponer un problema en las misiones por lo que la habian asignado para que al menos tuviera alguien que conociera.

Sin saber muy bien que hacer simplemente comenzo a caminar mientras el joven la seguia, verdad era que la joven de pelo blanco era callada debido a su entrenamiento y al echo de que nadie queria hablar con ella, era la repudiada, tan solo un perro al que su amo mandara a matar.

¿Donde deberiamos ir? pregunto como para si mirando a su alrededor, sin darse cuenta habian acabado en el barrio chino, aunque iban vestidos de civiles sabia que aquellas zonas no eran recomendables a ciertas horas, demasiados mafiosos en una ciudad tan grande como aquella, a su lado el NHPD parecia pequeño, muy pequeño.

Mientras caminaban por las abarrotadas calles alguien puso una tarjeta justo frente a Silvia, la cual miro a su lado observando como un joven chino le daba una tarjeta con el nombre de un local de nombre dificil de pronunciar.
Con un escueto gracias la joven siguio su camino con la tarjeta en la mano, aquel local parecia ser algun tipo de restaurante. Ahora que lo pensaba no habia comido nada desde hacia tiempo, aunque igual de peligroso un local como aquel era un sitio donde poder comenzar una conversacion con aquel silencioso compañero.



No tardaron demasiado en encontrar el local, Silvia miro el cartel donde estaba el nombre del local intentando pronunciarlo sin exito, mirando a su compañero con una ligera sonrisa para lueo encogerse de hombros y entrar, encontrandose con un sencillo pero bien decorado restaurante, con motivos tipicos chinos le basto tan solo vistazo con su unico ojo para detectar posibles amenazas, estaban sin duda pero en aquel momento eran tan solo clientes disfrutando de una comida en aquel bello lugar.
No tardo mucho en fijar la vista al frente viendo a la recepcionista atendiendo a dos hombres, lo primero que llamo su interes era que al igual que ella llevaba un parche en el ojo. Silvia no cambio su rostro ni un solo instante, le habian enseñado a no hacerlo si tu enemigo ve tus emociones estaras en desventaja y aunque era posible que alli no hubieran enemigos igualmente era algo que hacia. Por ello su cara solo mostraba una mirada seria aunque amable

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 12, 2013 8:42 pm

El bullicio de la gente tensaba su cuerpo y le costaba respirar con normalidad, temía que su respiración fuese lo suficiente audible para que otras personas repararan en él, un pensamiento un tanto paranoico pero su pasado le obligo a ser así. Su mirada se posaba con rapidez en las diferentes personas con las que se cruzaban, fijándose en cualquier pequeño detalle o reacción con las que pudiera clasificarlas de aliado, enemigo o neutral en escasos segundos, ganando de forma aplastante las personas consideradas neutrales, seguidas de los enemigos que aunque eran escasos la cifra llegaba a alarmar al joven y por ultimo aliados, teniendo como únicos miembros de aquella clasificación a la señorita Silvia Kurotsuki y a unos pocos integrantes de NHPD que logro conocer, mientras más andaban la lista en su mente se iba actualizando, borrando y añadiendo nuevos miembros cada uno en su clasificación correspondiente, la única clasificación que permanecía intacta era "aliados".

De pronto una voz hizo detener la recogida de información, sacándolo de sus pensamientos y obligandole a prestar atención a la persona que estaba frente a él. Tembló ligeramente asustado, no sabiendo si debía responder o no aquella pregunta, pero el miedo de creer que no debía responder ganó y le obligo a quedar en silencio guardando su opinión.

Al sentir que el paso de la joven se detuvo se paró a un metro de ella, desviando el rostro cuando le miró, cubriendo sus ojos con los mechones de su cabello temiendo que hubiesen quedado a la vista. No tardó en entrar también al lugar, paralizándose ante la cantidad de gente que había allí, por un momento su mano se movió nerviosa buscando algo a lo que agarrarse pero al rozar a la joven peliplata, escondió su diestra tras su espalda murmurando una breve disculpa mientras respiraba agitado y mantenía la mirada fija en el suelo, tomando el aire a bocanadas siendo acompañado por una sensación de asfixia.

"Quiero irme" Pensó mientras colaba su mano derecha bajo la manga del brazo izquierdo y comenzaba a arañar este, apretó con fuerza los dientes y hundió con fuerza las uñas hasta que el dolor le hizo entrar en sí. Gruñó para sí, enfadado consigo mismo por aquellas acciones inconscientes, maldiciendo en voz baja y alzando la vista buscando con desespero el lavabo, quería esconderse por lo menos unos minutos hasta que la calma volviera a él.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 19, 2013 10:48 am

No era como si lo hubiera pretendido... Simplemente era una bella noche de aire cálido y sereno, la luna menguante iluminaba a la perfección los caminos demasiado transitados del Barrio Chino. Aunque podría no existir, desaparecer de la faz del cielo junto con las estrellas y nadie se percataría de ello; así de luminoso y brillante era su hogar, y no solo en el sentido físico sino en un campo más metafórico... Y quería un té cuyo sabor reflejara esa jornada.

Había demasiada gente esa noche, pero optó por deshacer ese pensamiento como si fuera formado por hebras de hilo azul que se desperdigaron a su alrededor. ¿Por qué pensar así? Estaba la mayoría animada, casi feliz, aunque no faltaban los ancianos cascarrabias y las parejas que discutían. Pese a la belleza del Barrio Chino, nunca olvidaría que no era su país y por ello miraba todo con una expresión lejana y abstraída... Casi como estar en casa. Casi como mirar la calle Chiang mientras caminaba por ella y sostenía la mirada hacia las nubes. Pero era solo eso, "casi", y la idea siempre habitaría en su mente.

En realidad siempre le habían importado los pequeños detalles en los que nadie parecía percatarse; aparte de ser una de las constantes en su trabajo, era una cualidad natural de la joven. Por eso notó la excitación de algunos adolescentes, la discusión de algunas parejas y el motivo por el que algunos ancianos perdían algo de respeto ante los ojos de sus parientes más jóvenes: Querían llegar rápido a un lugar en específico, y todos se atrasaban o causaban problemas a los ojos de los demás. Podía "oler" la emoción en el aire -término que la hizo sonreír muy levemente- y, al guiarse por la exasperación que reinaba los movimientos de todos, no le fue difícil llegar a la causa de todo el alboroto. El cartel de presentación decía "Duōshao qián"... Curioso nombre. Le dedicó un análisis rápido a los alrededores y divisó a un par de sus alumnos en la clase principiante de meditación, era común que quisieran empaparse en la cultura china luego de sus primeros días de relajo real.

-¡Maestra Lang! -Una mujer rubia de unos 30 años se le acercó con rapidez, sonriente y tranquila... Una de sus alumnas más aplicadas luego de unas fuertes crisis de pánico que le causaban leves amnesias.- ¿También viene al restaurant nuevo? Escuché de él cuando compraba, y vine con mi novio... -La mujer, Anaís, buscó en las cercanías y luego señaló a un moreno alto con la típica apariencia de alguien que no quiere estar en un sitio pero lo hace porque le conviene.- Él, Josh. ¿No quieres unirte?

-No, Anaís... Solo quiero tomar una taza de té y relajarme. Estoy algo cansada, hoy tuve cuatro clases y la última fue para unos niños con problemas de aprendizaje... -La mujer contrajo el rostro como si sintiera tristeza repentina por el día de la asiática.- Que la pases bien, disfruta con tu novio.-La rubia no se molestó por las respuestas cortantes de su maestra, todos pensaban que era silenciosa y modesta. Así que solo sonrió y se alejó para juntarse con su novio, que ahora miraba a sus alrededores como si no supiera qué hacer. Era curioso cómo Anaís había mejorado tan rápido, estaba entre un gentío y no parecía incómoda, aunque podía ser también la compañía de su pareja lo que la tenía más relajada.

Así, Stefania Lang se alejó del gentío como era su costumbre y se dirigió a una esquina algo vacía para arreglar sus ropas. Llevaba una falda hasta medio muslo, negra, que poseía varias capas y hacía parecer sus piernas más delgadas aún. Una blusa blanca de mangas cortas, lisa y simple en el torso pero cuyas mangas se abrían en un pequeño globo, una chaqueta de cuerina negra hasta las rodillas y unas botas largas en el mismo tono, con un tacón pequeño, complementaban su atuendo bastante simple. Un cintillo azul oscuro con una flor de gasa más clara adornaba los cabellos que caían por su espalda y en un corto flequillo que no alcanzaba a tapar sus ojos azules. Los mismos se veían serenos, pasivos en una forma que no era normal en otras personas: La maestría en meditación y el haber guiado a varias personas ese día le confería a su mirada una cualidad demasiado lejana y distraída. La forma perfecta de disimular, sin saberlo ella, la forma en que analizaba todo con tal detenimiento que nadie hubiera creído posible en la asiática. Se veía, en total, como de unos 18 años o quizás menos si se fijaban en que no llevaba maquillaje alguno, su teléfono móvil tenía una carcaza con lirios y un charm con el motivo de un perro negro -que llevaba en el bolsillo de la chaqueta- y le atribuían su "distracción" a la adolescencia.

Cuando se cercioró de que todo estaba bien en su aspecto, y comprobaba otra vez que para su pesar no llevaba su pistola -demasiado riesgo llevarla entre tanta gente-, notó a la mujer de cabellos albos que caminaba con un joven de apariencia atribulada. ¿Otra vez con personas en aparentes problemas? La sonrisa volvió a sus facciones pero desapareció tan rápido como había aparecido, ese tipo de gestos era tan extraño en ella como hablar más de cinco frases al hilo. No la hubiera imaginado en un lugar chino por algún motivo que no entendía, quizás era su apariencia aunque no tendía a juzgar a las personas por cosas como esa, eran fácilmente alterables. Ambos entraron al club.. Parecía que, al menos esa noche, Duōshao qián era el centro de la vida nocturna en el Barrio Chino debido a la novedad... Se preguntó si servirían comida "china-americana", esa rebajada en especias y sabores para no ofender los paladares occidentales, o la verdadera y única comida china. Aunque quería solo un té, no podía descartar la idea de pedir algo para acompañar.

No pensó mucho más allá, saludó desde la lejanía a un par de ancianos que también tomaban clases con ella y caminó a la entrada. La recibió el sonido de los clásicos instrumentos chinos que demostraban toda la belleza de su música, y se preguntó qué pensarían los occidentales de saber que, en China, esa música era la menos escuchada y todos se concentraban en el pop... Bueno, todo era válido si eso daba la ilusión de encontrarse en una tierra exótica. Para ella, New Haven era la extraña, la nueva. Finalmente entró y notó a Silvia, el joven aparentemente atemorizado, dos personas más y.. Vaya. No recordaba haber escuchado que ella fuera encargada del lugar o trabajara al menos ahi. ¿Tal vez lo habría mencionado y ella simplemente dejó ir la información? No, debía ser que nunca lo había dicho.

Prefirió obviar que la conocía, nunca se sabía con quien se hablaba y cualquiera de esas personas podía ser peligrosa para ambas o conocer a "alguien".

-Señorita Silvia.-La voz de Stefania era suave, casi tímida pese a que no tenía las cualidades corporales necesarias como para pensar eso. Estaba erguida y tranquila, llegaba al 1.65 o algo similar con sus tacones y sonreía no solo hacia ella, sino a Shed porque, aún sin conocerlo, la asiática era respetuosa.- Buenas noches a ambos... ¿También vienen por un poco de té?

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 23, 2013 4:25 pm

Pacientemente miraba a la recepcionista atender a aquellos dos hombres, la joven peliblanca parecia no mirarlos pero no podia comprobar una y otra vez como aquellos no eran civiles, tenian un aura de seguridad que los civiles no desprenden, tal vez pertenecieran a alguna banda o algo similar pero mientras no dieran problemas no tendria motivos para hacer nada.

Dejando a aquellos hombres a un lado miro a su compañero, el cual parecia querer que se lo comiera la tierra en ese preciso instante, calmar a aquel muchacho iba a ser mas complicado de lo que imaginaba si ni siquiera era capaz de soportar estar de pie en un sitio publico.

Mientras estos pensamientos pasaban por su mente oyo una suave voz a su espalda, con movimientos tranquilos se dio la vuelta mirando de frente a aquella mujer que habia visto una vez hacia no demasiado, de baja estatura y unos ojos que encandilaban.
Escucho sus palabras con una sonrisa cruzando sus labios, mirando de reojo a su compañero que tan solo temblaba como una hoja, jesus que paciencia hay que tener a veces.


Bueno, la verdad es que estaba paseando con mi amigo cuando nos dieron un folleto sobre el sitio dijo sonriendo, no era necesario que en un lugar como aquel supieran que eran policias, les podia caer una buena por ello Es la primera vez que vengo aqui pero me gusta el sitio, es agradable

En verdad aunque su fuero interno le decia que tuviera cuidado notaba que el local estaba echo para que las personas que llegaran a el se sintieran a gusto, el olor de las especias flotaba en el aire haciendo que su estomago le rugiera.

Bueno, si no te es mucha molestia podriamos sentarnos juntos los tres dijo señalando a su compañero y a ella misma Espero que no te moleste mi peticion, pero creo que a mi amigo le ayudara conocer gente nueva ya que es un poco timido.

Aun sabiendo que podria hacer que le diera un ataque al pobre chaval coloco una mano detras de su espalda empujandolo con suavidad mientras sonreia casi cerrando su unico ojo divertida por la reaccion del muchacho

Venga, saluda. Es de mala educacion no presentarse ante una señorita ¿Sabes? dijo mirando a su compañero esperando ver su reaccion

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 26, 2013 6:55 pm

Ioren sonrió con cierto tinte triste. Claro que se sentía mal por haber provocado el enojo de su amigo y no lo había invitado como forma de disculpa, sino con la intensión de hacerle saber que nada había cambiado, que las cosas seguirían igual entre ambos y que si debía dar explicaciones, entonces las daría. Lo que menos deseaba era que Laurant se enojara con él. Sabía que había hecho mal en no comunicárselo de inmediato, pero las cosas se habían dado de tal forma que el castaño terminó enterándose de la peor forma de su ascenso y ahora estaban allí, detenidos uno frente a otro. —Así es, tiempo sin vernos. —El muchacho frunció el ceño antes de agregar: —No podría olvidarme de ti, sabes bien que eso es imposible. —El albino observó a su compañero a los ojos, quizá para mostrarle que no había forma en que le mintiera respecto a lo que sentía. Por suerte el mismo Laurant decidió cambiar el tema…aunque para Ioren fue casi como si hubiese decidido no esperar ninguna respuesta de parte del albino. Suspiró, se lo tenía merecido, pero esperaba poder enmendar su error y recuperar el buen humor de su compañero.

—¿Cierto? Es un lindo lugar. —El albino esta vez sonrió con más ganas mientras se movía de su lugar, para también observar la fachada del lugar una vez más. Laurant eso sí no se detuvo a ver el lugar junto a él, sino que se adentró en el lugar, haciendo que el albino tuviera que seguirlo hacia el interior del club. Allí se encontró con una amable mujer de rasgos orientales que los observó tanto a Laurant como a él y luego de darles una cálida bienvenida, les preguntó por una mesa, a lo que Ioren respondió algo mas animado: —Una en un sector tranquilo estaría bien, gracias. —El albino se volvió hacia su compañero. —Es realmente mejor de lo que se ve por fuera. —Murmuró hacia él mientras observaba todos los detalles del amplio y exótico lugar. La banda que tocaba hacia un costado tomó brevemente su atención, sin embargo, la mujer que los había atendido, pronto encontró una mesa que correspondiera con lo pedido por Ioren y les pidió que siguieran, a lo que el albino respondió siguiéndola y esperando que Laurant también.

Siguiendo a la mujer de parche (detalle que Ioren no había pasado por arriba) fueron llevados al segundo piso del establecimiento, donde había menos gente y la música ambiental estaba a un volumen moderado, suficiente para que todos aquellos que desearan conversar pudieran hacerlo tranquilamente. “Perfecto para lo que sea que vaya a decir…o lo que sea que me vaya a decir” pensó el albino mientras caminaban. La luz tenue era el detalle final para una perfecta atmósfera. Las mesas cuadradas eran un detalle bastante llamativo, aunque había unas más pequeñas que (aunque eran cuadradas también) solo eran para dos personas y otras, que estaban hacia la pared, con cómodos sillones como asientos.  La muchacha los guió precisamente hacia una de aquellas mesas y luego de que ambos mercenarios tomaran asiento les extendió dos folletos (uno a cada uno) siendo los mismos “La Carta” del restaurante.

—Puedes pedir lo que quieras. —Dijo el albino dándole una leve mirada a su compañero. —Esta noche pago yo. —Realmente quería mejorar las cosas y aunque era medio cabezota y a veces las cosas no salían como pensaba, esperaba que Laurant comprendiera que se sentía mal por la molestia que le había causado y que deseaba repararlo, aunque no tenía ni idea de como hacerlo. Quizá cuando ya estuvieran a solas, podrían hablar mas calmadamente, eso sí nada ocurría como solía pasar últimamente. —No lo digas dos veces en voz alta. —se dijo a sí mismo, olvidando que la chica estaba a su costado esperando por los pedidos de ambos. Seguramente debió haber pensado que estaba loco.

Spoiler:
Bueno chicos, la verdad es que no tengo idea si Mei sigue activa, pero no la he visto conectada ultimamente y por ende no se si siga posteando en este tema, aún así creo que deberíamos seguir con nuestros post.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Lun Jul 29, 2013 2:24 pm

-hmmm...- respondió distraído ante los comentarios de su viejo amigo mientras aquella dama que los había recibido buscaba una mesa para que pudiesen acomodarse; aquel lugar era ciertamente agradable, el ambiente y la música ayudaban para poder relajarse y tener una cena tranquila, de nos por aquello seguramente ya le habría gritado una cosa o dos a Ioren, pero para su propia fortuna, TODO en aquel restaurante impidió que Laurant se descargase de todo aquello que le albergaba y molestaba en su interior. Dio un par de pasos de aquí para ella, removiéndose un tanto inquieto mientras mantenía sus dos manos ubicadas dentro de los bolsillos laterales de su pantalón, aquella mujer con un parche en uno de sus ojos le resultó simplemente curioso, algo en toda ella le hacía pensar que detrás de esa recepcionista había algo mucho más grande oculto... o se estaba volviendo más loco de lo que ya estaba, inventando trasfondos a personas totalmente normales que solo cumplían con sus trabajos y deberes cotidianos.

La generosidad del "jefe" fue recibida como un puñetazo en el rostro, al menos podría sacarse el gusto con alguno de aquellos platillos exóticos los cuales solo había deseado probar en vaporosas fantasías llenas de baba... claro, ahora él podía pagarse todos los lujos, ahora que era jefe manejaba todo en Sword, finanzas, los movimientos de la organización, podía pagarle a su pequeña perra una cena lujosa, después de todo él no tenía que juntar centavos o arriesgar su cuello en misiones, ya no más... pensar aquello le hizo enfurecer nuevamente, pero ya no estaba para berrinches, por lo que se tragó el veneno y resistió estoico el buen gesto de Ioren, el cual por un segundo hasta le sonó a burla, a una demostración de lo que podía hacer ahora que se encontraba en la cima. -Lo que quiera eh?...veamos, quiero probar esto....esto que....ehmm... el pollo frito por favor, y un Maotai Jiu para beber...lo que sea que eso pueda llegar a ser- dijo algo apenado por su ignorancia, era fanático de lo oriental, pero en cuanto a sus nombres locales, sabía menos que un turista recién llegado.

Una vez realizó su pedido, entregó la carta a la señorita y se reclinó; por un segundo sintió la necesidad de quedársele mirando a la cara, analizar el grabado de ese parche y sus gestos en general, pero consideró que la pobre trabajadora podría sentirse incomoda o hasta ofendida por ello, lo ultimo que necesitaba era seguir arruinando los intentos de Ioren por devolver las cosas a la normalidad. Colocó un codo sobre la mesa y utilizó su brazo y mano como apoyo para su mejilla, dejando la misma reposar mientras desviaba su mirada y atención a los músicos, sin reparar en su compañero, ahora que las formalidades quedaban atrás, sería mejor ir al grano cuanto antes, ya bastante incomodo se sentía. Esperó a que Ioren hiciese su pedido y a que la dama se retirara para poder hablar, sin embargo por varios segundos decidió prolongar su silencio, antes de finalmente hablar en tono apagado, todavía sin dignarse a mirar a su amigo. -Y bien?...querías decirme algo?, para eso me trajiste aquí no es así?- lanzó inexpresivo mientras dejaba que algunos de sus dedos de aquella mano contra la que se apoyaba jugasen con unos mechones de cabello. Quería escuchar a Ioren, ver que tenía que decir, que rumbo tomaría la charla y después de eso... quizás evaluaría como llevaría su continuidad en Sword, si de hecho lo hacía, pues ya bastantes decepciones había recibido producto de la inactividad e ineficiencia que la organización mercenaria había mostrado hasta el presente.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 08, 2013 3:32 pm

Yo digo que:
[ A partir de ahora me tomaré el local '-' -Falta de gente Wushi, pls-. Así que no se preocupen por la falta de un "segundo narrador", cumpliré yo ese papel. Me veré obligada a relegar a los PJs de Mei y Tears por su ausencia muy prolongada... Si vuelven, podrán unirse otra vez. Cambiaré unas ciertas cosirijillas para adecuar una idea que tengo con el club, así que trataré de hacer todo más dinámico a partir de ahora.

PD: Si alguien tenía una idea en particular, sobretodo tú Ioren que comenzaste el hilo, por favor dígame por PM porque no es mi idea pasarlos a llevar >_< ]

El "amigo" de Silvia era por lo menos muy silencioso. Demasiado tímido, callado y temeroso del mundo... Le recordaba cosas que prefiriría olvidar pero siempre seguirían allí. Por eso su propio saludo, un asentimiento con la cabeza, fue delicado y sereno aunque no falto de tacto: Una suave sonrisa, un musitado "Gusto de conocerle, mi nombre es Stefania" y nada más... Aquel joven estaba demasiado ausente como para que le prestara mayor atención, así que se la dignó a Silvia.

-Me alegra verla en este lugar, es un cambio refrescante. Es agradable sin duda, de hecho podría recomendarle algunos platillos... Y le agradezco la invitación, aceptaré gustosamente.- Era una novedad que dijera tres frases al hilo, pero se sentía especialmente cansada y aletargada, así que no se controlaba mucho en palabras y acciones.

Una jovencita asiático-occidental, bonita y delicada, se acercó a ellas con un par de cartas entre los dedos perfectamente manicurados.

-Buenas noches, es un placer para mí atenderlos. Mi nombre es Suzie, y seré su anfitriona esta noche.- La joven sonrió cálidamente, pensando en cómo sacarles la mayor cantidad de dinero en una sola ocasión.- ¿Les gustaría una mesa en el interior o el exterior? Esta noche es cálida para ser invierno, así que les recomendaría una afuera para que gozen de la cocina china con las estrellas.

-Una en el exterior suena bien. -Respondió Stefania, compartiendo la sonrisa de Suzie aunque no fue tan brillante o cálida como la de aquella chica.- Quisiéramos también té de jazmín para comenzar.- Suzie siguió con su sonrisa, aunque un "Se me adelantó" cruzó su cabeza... Había querido engatusarlas con algo de licor para que gastaran más.

-Encantada de atenderles, señoritas. Acompáñenme, por favor... -Las guió entre las mesas, pasando la fuente del Buda a la que Stefania dedicó una larga mirada, de paso cerca de los dibujos de las mujeres con inscripciones a su lado y que stefania notó como representaciones humanizadas de los signos del zodíaco chino, por las escalas que conducían al segundo piso.

El sitio era cálido y cómodo, aparte de las mesas contaba con unos sillones de un suave rojo acompañados por unas mesitas adecuadas para sostener bebidas pero no muchos platos grandes: El sector para los fumadores y bebedores. Ahí ya estaban sentados algunos hombres trajeados a la perfección, que hablaban en volumen bajo aunque se callaron cuando vieron a la muchacha y sus invitadas pasar cerca. La música de los tsugarus shamisen resonaba incluso hasta allí, aunque a un volumen muy bajo. Las mesas de las paredes tenían unos comodísimos sillones como asiento.

Suzie las llevó hasta un amplio balcón exterior sobre el cual las estrellas brillaban como si fueran diamantes blanquecinos de inusitada belleza y lejanía. Era una noche cálida, pero aún así la brisa fría del invierno se hacía sentir y por ello había unos calefactores de curiosa forma: Se asemejaban a una chimenea cerrada de metal cubierto por cerámica, poseedores de un techo que dispersaba el calor junto con el suave aroma de la madera quemada.

-Esta será su mesa. -Señaló una que estaba justo al centro del balcón. Stefania se sentó con la vista justo hacia el interior, inconscientemente buscaba los sectores menos peligrosos y desde donde podía ver todo lo que pasaba. Notó a los jóvenes de antes sentados justo en su línea de visión, y a la propia izquierda tenía a aquellos aparentes empresarios que miraron a los nuevos clientes como si fueran muy importantes, aunque fue solo unos segundos: Un viejo asiático ladró una orden y todos volvieron a mirarle. Evidentemente era el jefe, un hombre de ojos extremadamente almendrados, barba candado, unos 70 años y poco pelo en la cabeza. Para quien supiera apreciar los detalles de la moda, usaba un traje Armani y tenía frente a él costosas botellas de whisky. Algunos de sus subordinados fumaban puros, pero él no.

-Yo quisiera un chop suey vegetariano y arroz blanco... -El aroma de la comida había causado estragos en el cuerpo de Stefania, recién se daba cuenta de que no había almorzado entre tanta clase. Suzie asintió mientras entregaba las otras cartas. Aún hablando, Stefania no despegaba la vista de aquellos hombres, sentía que los conocía aunque no tenía claro de dónde.

-¿La señorita desea algo en especial? Le recomendaría el chop suey de pollo junto con encurtido picante de pepino y arroz. ¿Quizás una cerveza importada desde la misma China? -Suzie era demasiado atenta con Silvia, quería vender lo máximo posible y poder irse a casa. Esperó las respuestas de Silvia y luego desapareció tras una fugaz sonrisa.

Stefania se sacó la chaqueta, en ese ambiente algo caldeado por los calefactores no era necesaria. Arregló los vuelos de su falda y sonrió a Silvia con pasividad.

-Me alegra verle otra vez y en mejores circunstancias. Ah, y no se preocupe por nada, yo lo pagaré... No hay problemas con eso. Consideremos que, por ser del barrio, la invito como a una noble huésped.- En esos instantes un hombre algo viejo, pero cortés, se acercó con el té. Venía en una tetera de cerámica adornada con multitud de flores y avecillas pintadas tan bien que parecían querer escapar del recipiente. Un cuarteto de tazas blancas acompañaban la bandeja junto con cucharillas de cerámica, el azúcar y el endulzante, y un platillo con cuatro galletas de la suerte.- Es tradición que sirvan el té pensando en cuatro personas, antes de la comida y con las galletas... Básicamente, si sale algo mal, podría cambiar su suerte en la comida y con el ambiente.- El mozo realizó una reverencia antes de retirarse y sacar un par de las botellas vacías de whisky de los empresarios.

Justo en esos momentos, uno de ellos se levantó y caminó hasta la mesa que ocupaban. Su sonrisa era serena, los ojos cerrados para crear lo que, soñaba él, era una expresión agradable. Parecía de unos 30 años, y sudaba un poco.

-El señor Han manda sus saludos a las hermosas señoritas, y ruega encarecidamente que dignen unos minutos a su persona. Solo desea un poco de compañía femenina en una noche bella como esta, algo de conversación. -El viejo asiático les miraba con una sonrisa, levantando la mano tímidamente en un saludo.

Ah.

De ahí lo recordaba Stefania. Estaba en algunos expedientes que había leído... Zhen Han, encargado de varios locales comerciales establecidos a lo largo de New Haven, todos ellos dedicados a objetos chinos de toda clase. Claro, si "encargado" se refería a ser un mafioso de poca monta que amedrentaba a los pequeños comerciantes; había matado al dueño de un negocio en la zona central de la isla por no pagar dos cuotas. No tenía afiliación directa a Wushi, sino a una pequeña alianza entre yakuzas y chinos que a veces funcionaba.

Dejaría a Silvia tomar la decisión. Ella solo sonrió amablemente mientras servía el té en las tazas y las disponía para que pudieran consumirlo. Cosa curiosa, cada taza venía con una pequeña flor de jazmín en el interior, haciendo que el verde suave del líquido se mezclara con el color natural de la planta. No abriría aún una de las galletas, sino que bebió un poco y su sonrisa se acentuó. Siempre adoraría el sabor suave, invernal, de aquel brebaje que calentaba sus mejillas y la hacía olvidar, poco a poco, el mal día.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 08, 2013 5:16 pm

Silvia miro a su compañero que permanecio en silencio por un tiempo que parecio una eternidad, tal vez no debia haberle echo dar ese paso tan importante tan de golpe, por ahora le dejaria estar alli y si queria hablar dejaria que el lo hiciera, pero no lo forzaria.

Con una ligera sonrisa escucho todo lo que Fang le decia mientras apartaba con suavisdad al joven dejandolo a su lado, en verdad la anterior vez que se habian visto no era precisamente en buenas circunstancias, pero lo importante era el aqui y ahora, no el antes oscuro y cruel.


- Sera un placer pues compartir mesa contigo - dijo ensanchando su sonrisa - Solo esperemos que no tarden demasiado en servir

Asi como lo dijo la camarera aparecio con una sonrisa calida mientras Fang hablaba con la encargada para elegir una mesa agradable y un poco de te antes de la comida, la verdad es que no le importaria tomar algo calido para variar, normalmente bebia agua con la comida por lo que algo de te no vendria mal para variar un poco.

Con un movimiento de cabeza comenzo a seguir a la encargada que las guio por el interior del local, el cual estaba decorado de forma exquisita con imagenes y figuras tipicas de la cultura china, tapices con dibujos de lo que parecia ser el signo del zodiaco chino, se fijo que Fang tambien se quedo mirando pero la joven peliblanca hizo como que no lo veia y siguio adelante como si nada, siguiendo a la camarera mientras les mostraba una mesa al aire libre, el olor a comida y tabaco flotaba en el aire justo por donde habian pasado, sintiendo como su estomago rugia por el primer olor y arrugaba la nariz por el segundo.

Con un ligero gracias se sento en la mesa observando a su alrededor los hombres bien trajeados que parecian discutir en un tono bajo para que nadie los oyera, notaba por sus expresiones que lo que hablaban no era nada especialmente bueno, seguramente aquel que parecia el lider les estaria echando la bronca o algo similar pero no le dio importancia, paseo su cabeza por el exterior sin fijarse en nada en particular hasta que Fang hizo su eleccion y la camarera centro su atencion en Silvia, la cual sonrio amablemente escuchando la recomendacion.


- Me gustaria probar ese plato, aunque si no es molestia voy a pasar de la cerveza - dijo con amabilidad viendo como la mujer se alejaba tras una corta reverencia

Era curioso lo amables que eran en situaciones como estas pero luego tan salvajes a la hora de pelear, no era la primera vez que se enfrentaba a la triada o grupos similares. Aunque eso no era lo importante ahora, estaba alli para comer y pasarselo bien, dejar el trabajo a un lado y disfrutar de la compañia de la bella Fang. La cual se habia ofrecido a pagarle la comida.

- Es muy amable de tu parte, en verdad me alegro de haber entrado al local. La comida parece deliciosa, el sitio es hermoso y encuentro a una amiga nada mas entrar ¿Que mas puedo pedir? - dijo echandose hacia delante sin apoyar demasiado su peso sobre la mesa, sentada en un lateral de la mesa, de modo que tuviera una vision del restaurante si giraba su rostro y teniendo frente a ella a los hombres que discutian.

Observo en silencio como un camarero traia cuatro tazitas y su cara parecio rebelar que no entendia el por que, debido a que en ese instante Fang empezo a explicarle la razon de esta curiosa costumbre.
Con un ligero movimiento de cabeza le dio las gracias mientras veia como otro hombre sudoroso se acercaba a ellas invitandolas a acompañar al jefe de aquella mesa en la que discutian y bebian como cosacos. ¿Pasar la velada con un hombre como aquel o pasarla junto a una joven que conocia como amiga? La decision estaba clara y sencilla.


- Disculpe, digale al señor Han que es un honor recibir su invitacion pero no deseamos molestar su reunion - dijo la joven intentando parecer todo lo amable posible.

El hombre que se encontraba escuchando el mensaje palidecio antes de darse la vuelta y darle la mala noticia a su jefe, el cual tan solo echo la cabeza hacia atras y rio una carcajada propia de un hombre ebrio de poder y alcohol. Lo siguiente que hizo fue levantarse y con descaro cogio su silla acercandola a la mesa de ambas jovenes, sentandose sin ser invitado.

- Bueno, viendo que las señoritas no querian venir con nosotros me tomo yo la cordialidad de venir hacia ustedes. - dijo el hombre con una desagradable sonrisa en el rostro mientras llenaba su copa de Whisky hasta arriba y la bebia de un solo trago como si de agua se tratase - Es tan aburrido pasar la noche solo ¿Saben? Tengo a mis chicos pero no es lo mismo que disfrutarla con dos linduras como vosotras

Silvia aparto un instante la mirada mientras mascullaba un insulto en japones sin darse cuenta, cosa que el recien llegado no paso por alto.

- Oh, pero que exquisitez, no todos los dias un hombre tiene la suerte de encontrar no solo una señorita asiatica sino dos y encima una japonesa nada menos - dijo levantando su vaso para brindar por Silvia - Pero ustedes ya saben mi nombre ¿No es de mala educacion no presentarse?

La joven peliblanca miro con su unico ojo al borracho frente a ella, tenia algo que no le agradaba a parte del echo de que se habia sentado sin ser invitado ¿Pero que era? No caia en la cuenta, pero tarde o temprano lo comprobaria, aquella no iba a ser una noche tan tranquila como esperaba, diablos.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 10, 2013 9:18 pm

Ioren no quiso importunar a Laurant observándolo mientras pedía, por lo que se dedicó a darle una mirada al recinto. La verdad, es que no podía decir que todos allí lucieran casuales, había muchos susurros y de parte de algunas otras mesas...algunas miradas hacia ellos. Bueno era lógico que desconfiaran de un par de hombres jóvenes como ellos cuando muchos eran miembros de otras mafias. El albino se dijo que no debía olvidar el sitio sobre el que estaba sentado y quienes eran mayoría allí, por eso mismo no debían llamar la atención; actuar como un par de hombres ordinarios...ese era el mejor plan para disfrutar la noche.

La muchacha recibió el pedido de su compañero y la carta de vuelta, ahora le tocaba turno de pedir a Ioren quien realmente no sabía mucho de platillos orientales por lo que decidió irse por algo sencillo: —A mi me gustaría un plato de chao mian y de beber una botella de vino estaría perfecto. —El albino nunca había sido muy amigo de los tragos y cada vez que bebía demasiado su personalidad se transformaba de tal forma que ni él se conocía, por eso mismo prefirió pedir vino, un trago sencillo y que esperaba poder compartir con Laurant. Luego de pedir, entregó la carta a la muchacha y agregó: —Por favor, no olvides traernos galletas. —Finalizó sus palabras con una sonrisa y la muchacha se despidió con una leve reverencia, avisándole que la comida no tardaría en serles traída. La muchacha se alejó ante la mirada del albino, aunque la misma pronto se desvió hacia el pelimarrón, quien parecía observar hacia los músicos sin intensiones de romper el silencio. ¿Y él? ¿Que deseaba decirle a Laurant ahora que estaban solos y tranquilos?
El silencio se coló entre ambos por un par de segundos, hasta que Laurant sorprendió a Ioren comenzando las preguntas. ¿Que le diría? Pensó que entre mas repasaba una forma de explicar las cosas, menos claro se sentía ante el hecho de como expresarse, fue por eso mismo que decidió dejar que las palabras fluyesen solas: —Escucha Laurant...— el albino suspiro justo antes de continuar. —Sé que debe ser muy extraño para ti todo lo que esta pasando. Pero quiero que me mires cuando te diga, que esto no cambia absolutamente nada entre nosotros. —Ioren observó a su compañero buscando su mirada, con aquella seriedad que necesitaba para infundir en sus palabras la necesidad de ser recibidas. —No quiero que te enfades conmigo o que pienses que ahora me creeré más importante porque no, no será así compañero. Sé que mi vida corre ahora mas peligro que nunca, sé de los riesgos, pero también sé que no quiero dejar de pasar momentos como este contigo, no quiero alejarme ni que me alejes de tu lado. Tú sigues siendo mi maestro, el único a quien podría confiarle mi vida, si no te has dado cuenta de cuanto te necesito...es porque no quieres ver Laurant. —El albino sonrió con algo de nostalgia.

Aquello no era fácil, menos cuando sabes que estas exponiendo a alguien más al salir a la calle con él. Estaba arriesgándose y arriesgando a Laurant, pero aún así no quería dar ningún paso atrás. —¿Recuerdas aquella vez que fuimos al dragón negro? —Ioren sonrió justo antes de continuar. —Por culpa mía terminaste golpeando a un tipo y luego nuestra noche de diversión terminó en una persecución. Bueno, esta noche quiero enmendar lo que ocurrió, no quiero hablar más sobre nuestros trabajos. Sino que lo que realmente quiero, es que me digas lo que sientes, si estas enfadado, si me odias, si simplemente no deseas estar aquí. Lo que sea solo dilo. Soy tu amigo y te escucharé hasta el final. —Su vista se mantuvo sobre el castaño mientras hablaba, examinando sus reacciones aunque no programando sus palabras para ver que provocaba. Fueron palabras espontáneas, sin pensarlas mucho...y deseo no haber dicho nada que pudiera ser mal entendido o que pudiera empeorar las cosas.

Al final suspiró bajando un poco la cabeza, sonriendo apenas antes de añadir: —Soy pésimo a la hora de decir lo que siento ¿no?

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 11, 2013 10:08 pm

Finalmente su compañero había hecho el pedido y Laurant, sin quererlo había llevado su atención a un curioso grupo de comensales que habían entrado, no había algo distintivo en ellos que llamase la atención, era algo más... algo como, un presentimiento extraño?, el castaño no tenía idea de a que podrá deberse aquello, pero en ese momento sintió que algo estaba fuera de lugar o que algo podría suceder de la nada. Ya había experimentado sucesos que rayaban más allá de lo extraño y también había prendido que, en New Haven, decir "esto no puede pasar" era una invitación sucesos inesperados, por lo tanto mantendría los ojos abiertos aún cuando pretendía relajarse con Ioren.

Las palabras de su amigo fueron claras y al punto, más no le hicieron sentir mucho mejor, sino que nuevamente se sintió subestimado, no estaba seguro de que Ioren comprendiese realmente como se sentía, no era él, no era solo su puesto, era todo el mundo que giraba en torno a los dos, el cual se veía desde una nueva y mareante perspectiva. Los orbes rojizos de Laurant volvieron a enfocarse en su compañero y todavía con un gesto de molestia en el rostro, lo apuntó con el dedo índice mientras que, de modo casi incontrolable, levantó la voz varias octavas más que su tono habitual -no me trates como a un niño Ioren, no necesito consuelo ni palabras de confianza, te conozco mejor que nadie, se que no quieres que nada cambie, pero ya lo ha hecho, que crees que dirán los demás?, que soy la perra del jefe!... no se trata solo de tú y yo, es todo lo que se ha subido a nuestro mundo desde que dijiste que sí, y te cagaste en mi opinión... que esperas conseguir?, fama y gloria?... que esperabas?, que dijese que sí y te apoyara meneando la cola como un buen perro?, piensa de nuevo.-

todavía más molesto golpeó la mesa con el puño y gesticuló con ambas manos, apuntando a su compañero con las puntas de los dedos -por supuesto que quiero ver, y cuando te veo...- entonces guardó silencio y se reclinó de nuevo contra su silla con cierta brusquedad, se sentía estupido, confundido... finalmente encontró las palabras correctas, por lo que respiró hondo y se relajó un poco -esto es estupido... supongo que no siempre ibas a ser el niño pequeño que necesitaba ayuda y que lo cuiden... mírate, ya has pasado ampliamente sobre mí y quien sabe cuanto te habrán enseñado en tu preparación para tu cargo.- Sonrió con amargura y cuidó sus palabras, no sabía a quien llegarían las elegidas sin sabiduría, si alguien descubría que estaba ante el jefe mismo de la organización mercenaria, todo podría irse al cuerno tan rápido como un suspiro, pero hasta ahora se había encargado de disfrazar sus palabras a la perfección incluso a pesar de su molestia.

Bajo aquel suspiro surgió una sonrisa bastante más relajada mientras recordaba aquella noche en el dragón negro, si que la habían montado gorda y se habían divertido como pocas veces, recordaba que tan violento se había puesto cuando tropezaron con el albino y de ese recuerdo surgieron sus nuevas palabras. -No tienes que enmendar nada... yo te protegería de lo que sea, cuantas veces sea y no me importaría una mierda, incluso si tuviese que dejar mi trasero en el camino, por ti podría morir sin remordimiento alguno sabes?...- musitó en tono suave mientras miraba su regazo, ahora se sentía más estupido que nunca, dejando estallar su impotencia contra su amigo incluso tras haberle dicho que éste le necesitaba... vaya maestro, ahora estaba enseñándole su lado egoísta. -Ya no te disculpes.. yo soy el que actúa como un niño ahora, ojala esto fuese más fácil de aceptar para mí que lo que debe haber sido para ti... poder decir que sí sin siquiera parpadear, quizás solo necesito... no lo se, tiempo- Un largo suspiro brotó de los labios de Laurant, incluso estuvo a un segundo de pararse y salir de allí para no mostrar su egoísta y cobarde rostro nunca más, pero no podía... había jurado ante Helena que no lo haría, y lo había jurado ante el antiguo jefe de Sword, por lo que debería hacerlo también frente al nuevo, incluso siendo éste su mejor amigo. Finalmente optó por levantar la mirada y observar a Ioren fijamente, aquella expresión amarga y furica que se había apoderado de su rostro comenzaba a disiparse, quizás al haberse reconocido y a sus falencias, al entender por que se sentía así, había dado el primer paso hacia una aceptación completa -Y mas te vale no sentirte mejor que yo, por que te patearé ese trasero de clase alta antes de que puedas preguntarte que pasó.... mierda que estaba enfadado... y si, te odié al principio, pensé que harías como tantos otros, tomar lo que necesitabas, escalar peldaños y desecharme, sentí que podría haberte abierto la garganta mientras dormías... pero ya no, entiendo que he sido un idiota contigo, nada de esto es tu culpa, yo mismo me dejé llevar y casi dejo que arruine nuestra amistad.- agregó finalmente mostrando una sonrisa serena y cómplice; realmente comenzaba a sentirse un poco mejor, a ver la luz al final de aquella enredadera de sentimientos.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 12, 2013 4:24 pm

Spoiler:
Post para unir todo, ustedes ven si pescan o no xD! No obligo a nadie.

"Sin cerveza, sin alcohol de ninguna clase. ¡Té! ¿Cómo voy a hacer que gasten más?..." Suzie se movía de un lado a otro en la cocina, gritando órdenes porque estaba cabreada. No había sido un buen día en ningún aspecto, su otra compañera se había llevado el día libre y ahora la jefa desaparecía, dejándola a ella a cargo de cerrar el local. ¡Y esas dos no querían gastar! "Juraría que en esta isla no eran tan tacaños, las sorpresitas que me llevo..."

Siguió pensando en esas cosas mientras subía con la orden. Una enorme bandeja para llevar todo de una vez y no tener que verles más las caras... Más encima no podía burlarse porque fueran feas, aunque podría hacerse chistes internos respecto al parche de la mujer del cabello blanco, o la distracción de la de ojos azules. Al llegar al segundo piso sostuvo su sonrisita falsa, esa experta en hacer creer a todos que era amable. Caramba, debería llevarse un premio de la Academia. Notó al viejo sentado a la misma mesa y debió detenerse por un segundo.

El viejo Han nunca se iba sin lo que quería. Todas las mujeres del restaurante sabían eso, y por eso siempre tenían a una chica de más, una "facilitadora de servicios corporales" que servía justo para esas ocasiones... Y ella no tenía el número. Tendría que jugar muy suavemente sus cartas. Caminó otra vez, los secuaces del mafioso estaban riendo y celebrando, y uno de ellos le dio una palmada en el trasero. Rió como si disfrutara la estúpida maniobra, que había incluido un agarrón, y finalmente llegó a la mesa de las mujeres y Han.

-¡Disculpen el retraso! La cocina está algo ocupada ahora... -Dejó la bandeja en otra mesa y empezó a servir la comida... Perfecta, crujiente, suave por dentro y con una orden de wantan y salsa de soya de excelente calidad para cada una. Sus dedos temblaron sutilmente cuando no tuvo nada que darle a Han aparte de una sonrisa brillante y una reverencia.

Justo en ese momento, Fang dejó de beber el té y miró al hombre como si no hubiera notado que estuviera ahí. Salvando sin querer a Suzie de tener que hablarle y llamar su atención.

-Señor... Discúlpeme, no lo había visto. -Sonrió como si de verdad lo lamentara. Sabía bien cómo tratar a esos viejos verdes quienes creían que el dinero lo compraba todo.- Es usted muy osado al acercarse a unas chicas solitarias que desean una velada tranquila, ¿sabe?- Bebió nuevamente de su té, no pensaba comer hasta que terminara con él. Las palabras de Silvia respecto a ser amigas eran la causa de su distracción...

-Aaaah, vaya, son difíciles. No importa, me gusta conquistar a las mujeres.- Han sonrió, su hálito rezumando alcohol. Se sentaba muy derecho pese a su estado, y miró a Ioren y Laurant de reojo.- ¿No serán esos sus novios, de casualidad? No me gustaría tener que preocuparme por ellos, o que los echaran si se pelean conmigo por hablar con sus lindas novias.- El viejo estiró el brazo para sacar un wantan y comerlo sin la salsa, en un par de mordidas rápidas. Suzie ya había huido luego de musitar un "Que disfruten su comida".- Pero repito, es de mala educación no decir el nombre cuando presentan a alguien. Supongo que dos encantadoras jovencitas como ustedes, y asiáticas para más remate, no le quitarán el honor a un viejo como yo de saber sus nombres.

-... Yo me llamo Yun, mi amiga es Yuki.- Susurró Stefania, dedicándole una mirada rápida a Silvia para que captara la idea. Stefania, o "Yun" desde ahora, mantenía un tono humilde y suave hacia Han, el papel de la jovencita tímida. El viejo Han rió, encantado, y su asistente se secó un poco el sudor con un pañuelo de tela antes de retirarse hacia el resto de los "empresarios" que reían ruidosamente.

-La nube y la nieve, qué par de señoritas me acabo de encontrar. Y díganme... ¿No les gustaría ir al karaoke luego de cenar? Todos mis muchachos tienen algo que hacer pero el viejo Han, solo, no tiene mucho en lo que divertirse. Seguro ustedes cantan bien y, si no lo hacen, de todas formas las aplaudiré.- La sonrisa se torció, los ojos se entrecerraron y se adelantó un poco en la mesa para robar otro wantan y devorarlo.- ...Aplaudiré cada cosa que hagan, y si no las hacen también. ¿Soy generoso, saben? Mis hombres están cansados, quiero enviarlos a casa y seguir solo yo con Laqi. ¡Ah, no saben! Le decimos así porque es Lucky, y también un Lackey, problemas de pronunciación.

Laqi volvió con una botella de whisky y sirvió otro vaso a su jefe. Él bebió la mitad de golpe como si fuera agua y siguió hablando sin importarle nada si aquellas mujeres tenían algo para decir. Sus pensamientos u opiniones eran lo de menos para él.

-Y, como queremos seguir los dos, les proponemos ir a cantar y celebrar. Como soy generoso, no las aplaudiré con las manos vacías sino llenas de verdes. ¿Qué dicen, chicas?

Fang estaba silenciosa, sabía bien las intenciones de aquel hombre y la pésima reputación que tenía en Wushi. Era conocido por sus tácticas sucias en los negocios, y sus asuntos escabrosos con muchachas muy jóvenes a las que le gustaba "domar". Por eso sabía que él le dedicaba más miradas a Silvia... A veces "Yun" movía la mirada a un lado, inquieta, sin comer nada. Siempre siendo aquella muchacha sumisa.

Laqi se acercó a la puerta para cerrar el paso con su cuerpo, y Han se acercó a "Yun" para susurrar algo en su oído; gracias a su estado fue bastante audible.

-1000 dólares para cada una si nos acompañan por la noche. Y yo pago cualquier gasto que puedan tener... Considéralo, convence a tu amiga. Yo nunca me voy sin lo que quiero.

Dicho eso, se retiró a la mesa con sus hombres para seguir bebiendo como si nada hubiera pasado... Pero Laqi seguía en la entrada al balcón, la mirada fija en las estrellas mientras fumaba su puro cubano con supuesta distracción. Entonces Fang finalmente estiró la mano a su plato, agarró los palillos en vez del tenedor y empezó a comer: Quería tener la mayor cantidad de calorías en el cuerpo solo por si acaso... Pero no tocó ningún wantan.

-Tendremos que hacer algo. No me iría con él ni muerta.- Susurró mientras fingía tomar algo de té.

Escasos segundos después, cuando terminó su puro, Laqi caminó hacia la mesa de Ioren y Laurant con una sonrisa tan falsa como su honradez. Realizó una reverencia ante ellos.

-Si los señores me permiten, les pediría que se retiraran pronto... Este piso acaba de ser arrendado por el señor Han, y su estadía ya no es posible.- Mentira, una de las tantas que usaban. Barata, simple, y por eso casi siempre funcionaba con la gente honesta, esa que nunca pensaba en que los querrían joder porque ellos mismos eran incapaces de tal actitud.- Encantado pagaré sus pedidos, haré que los empaquen para llevar y podrán retirarse.

Toda su actitud hablaba de confianza venida de alguien más... Su jefe. Han miraba lo que sucedía con sus ojos almendrados entrecerrados, bebiendo el whisky con más calma porque quería realmente disfrutar la noche y recordarla... Algunos de sus "colaboradores" se levantaron y comenzaron a rondar el piso para cerrar algunas ventanas y que el ambiente se hiciera más oscuro y pesado con el humo de los habanos.

Quizás podría compararse con las fauces malolientes de un animal a punto de atacar.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 12, 2013 8:32 pm

Despues de que aqul individuo se sentara en su mesa, bebiendo como un cosaco y apestando a alcohol Silvia se habia sumido en un largo silencio, habia algo en el que la hacia recelar, no el echo de controlar a sus socios como si de basura se tratara, era algo mas, algo que no sabia como describir, los movimientos de aquel hombre le recordaban algo primitivo, algo que no queria recordar.

En silencio observo como la camarera dejaba el pedido sobre la mesa, no se le escapo la mirada que les echo al ver al hombre sentado en la misma mesa que ellas, definitivamente aquella no iba a ser la noche que ella esperaba.
Incluso su sonrisa parecio mas forzada que de costumbre.
Sin darle importancia miro como la camarera se iba por donde habia venido sin girar su rostro siquiera un momento, sin siquiera mirar al resto de comensales, se notaba el nerviosismo de la chica a un kilometro de distancia.

Aunque normalmente inexpresiva no podia evitar que una expresion de desagrado cruzase su cara mientras oia hablar a aquel cretino, cada palabra que salia de su boca era como un dolor de muelas, molesto y repetitivo. ¿Con cuantos tipos como aquel se habia topado ya? Habia perdido la cuenta ya pero aun asi parecian seguir multiplicandose como las cucarachas que eran. No, no debia pensar asi, tenia que tranquilizarse, volver a controlar su pulso y respiracion.

En silencio miro al hombre comer sin ser invitado, mientras se burlaba de ellas como si fueran de su propiedad, solo le falto que les pegara con un fajo de billetes y lo mas seguro es que lo hiciera a las pobres chicas que caian en sus garras.
Su boca se llenaba de palabras hermosas, palabras dulces como las trampas para insectos, ahora que lo pensaba aquel hombre era como un niño cazando mariposas, cuanto mas hermosa mejor, para observarla, burlarse de ella y luego clavarla en la pared, no se le ocurria una mejor descripcion para aquel tipo.


- ... Yo me llamo Yun, mi amiga es Yuki. - Aquellas palabras la devolvieron al mundo real notando los ojos de Fang sobre ella en un rapido movimiento, sus ojos se encontraron tan solo un segundo, ambas sabiendo lo que la otra queria decir.

Mientras aquel hombre hablaba el unico ojo de Silvia se paseo por la sala quedandose mas tiempo en aquel al que llamaban Laqui, un hombre embutido en un traje de etiqueta aunque incapaz de ocultar la musculatura que se escondia debajo de aquella ropa, sus facciones duras, sus puños apretados a los lados del cuerpo, incluso cuando sirvio el licor a su jefe tan solo vio un maton vestido de chaqueta y corbata.
Y de repente lo vio, claro como un dia de verano, un pequeño tatuaje en el cuello de Laqui, una serpiente enroscada, un simbolo que se le habia enseñado como una de las bandas rivales a sus maestros, de repente fue como si su corazon dejara de latir, era como verlo todo mas lento, durante un instante las palabras de aquel hombre no llegaron a sus oidos, eso era lo que la repelia de aquel hombre.

Cuando sus sentidos volvieron a responderle no fue para bien, oyo la indecente propuesta de aquel hombre como si comprara fruta en el mercado. La dignidad de dos chicas pagadas con un dinero posiblemente mas sucio que la camisa de aquel hombre, cubierto de sudor y licor, simplemente repugnante.
Finalmente y tras lo que parecio una eternidad aquel hombre se levanto de la mesa volviendo hacia sus subordinados como si fuera el macho Alfa.

A su lado escucho a Fang comenzar a comer justo cuando el otro se fue, seguramente preparandose para cuando aquel tipo les arruinase mas la noche, si es que eso era posible. No se le habia escapado por alto que el maton se habia colocado en la puerta de salida, impidiendoles el paso. Tendrian que hacer algo para salir de alli. Sin nada mejor que hacer comenzo a comer apartando todo lo que pudo el wantan de su plato, no queria siquiera tocar lo que habia tocado aquel degenerado, seguro que luego tendria que amputarse la mano como se le ocurriera.


- Tendremos que hacer algo. No me iría con él ni muerta. - escucho a Fang murmurar a su lado

- Tranquila, no estaba dentro de mis planes acabar en una habitacion mas pequeña que esta con ese tipo - comento Silvia tambien en un susurro - Preferiria morderme la lengua antes que ir, disculpa, estamos comiendo

En verdad no veia ninguna solucion que no acabara con una demanda por parte del restaurante, cosa que no seria recomendable, aquel no era el tipo de hombre que dejaba escapar a lo que habia marcado como su presa y esas eran ellas.
Mientras comia aquella deliciosa comida paseo su mirada por las posibles salidas, dandose cuenta de que la unica manera de salir bien, sin estamparse contra el suelo era la puerta que Laqui bloqueaba.
Solo un momento lo vio separarse de la puerta para echar a aquellos jovenes que estaban sentados unas mesas mas alla, con amables palabras falsas como los halagos de su jefe, definitivamente eran todos unos expertos en el arte de mentir.

Tal vez la solucion estuviera en aquellos hombres a los que amablemente estaban invitando a irse, tal vez... ¿En que diablos estaba pensando? ¿Inmiscuir a posibles civiles en una pelea con Yakuzas? Ni de broma, en todo caso preferia quedarse sola y decirle a Fang que huyera de alli.
Sin nada en particular en mente siguio comiendo despacio pero sin pausa, saboreando la comida que posiblemente luego quemaria en cuestion de segundos.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 13, 2013 12:59 pm

No podía negar que las palabras de Laurant rasgaban en su interior de manera dolorosa. Claro que había pensado en él antes de tomar la decisión, pero no había tenido de otra, Laurant sabía tan bien como él que las personas calificadas para el puesto no eran demasiadas, pero Ioren también aceptaba que podría sentirse de la misma forma que el castaño si hubiese sido su compañero el que ahora se encontrara siendo el líder de la organización. Fuera de eso, nada más cambiaba, la exposición a la muerte le importaba poco y nada pero de otro modo, no podría soportar preocupar a su maestro o que él creyera que no era el indicado para llevar tal responsabilidad. El albino no quitó la vista de sobre su compañero mientras este respondía de manera enérgica, levantando la voz y apuntándole de manera acusadora. Encontraba justas las palabras de Laurant pero también sentía que le daba demasiada importancia a lo que el resto fuera a pensar...el resto, realmente no le importaba lo que tuvieran que decir de él o de su amigo, él se conocía muy bien así como también a Laurant y no necesitaba andar oyendo lo que el resto del mundo creyera de ellos.

Ioren entrelazó sus manos sobre la mesa. Respirando tranquilo mientras observaba como su compañero ahora se relajaba un poco tanto en su postura como en su forma de hablar. ¿Que podía responder? Sus manos estaban manchas de sangre, la policía lo tenía en la mira y como guinda de la torta, había hecho mal las cosas con Laurant, le había ocultado la verdad y había propiciado que ambos se enfrascaran en una conversación muy diferente de la que esperaba para una salida normal entre los dos. Definitivamente las cosas no estaban saliendo como el lo hubiese querido e incluso a su alrededor se podía notar cierta molestia, aunque con las nuevas palabras del castaño, volvió a depositar su atención sobre él.

Sonrió ante las palabras de su amigo, no de forma nostálgica como antes, sino de forma sincera: —Si crees que yo te dejaría atrás, entonces aún no terminas de conocerme. Deberías de saber que si se te ocurre morir antes que yo, iré a buscarte al mismísimo infierno para patear tu trasero traicionero. —Los orbes del albino se fijaron en los de su compañero con renovado brillo. Siguió escuchando en silencio a su compañero, esperando que sí, que con el tiempo, las cosas pudieran aligerarse, el peso que ahora cargaba sobre sus hombros y lo que esto provocaba en su compañero. Se sintió aliviado al momento que el castaño volvió a mirarle, había extrañado ver esos ojos carmines posados sobre él, esa fuerza que se escondía en ellos y la ira que podían mostrar a veces, tal como lo habían hecho momentos atrás.

No pudo evitar reír al terminar de oír las siguientes palabras de Laurant. —¡Ja! Ni que fuera el líder de...—bajo un poco la voz, acercándose un tanto hacia Laurant para que solo el pudiera escucharle. —...una puta mafia...—y luego volvió a hablar en un tono normal. —Mi trabajo no involucra nada bonito Talaliev, por eso prefería tomarlo yo esta muy lejos de ser algo con lo que me sienta "de clase alta", sabes muy bien que para nosotros no existe el concepto de familia o de protegernos entre nosotros...al menos dentro de la organización...solo somos gente por separado que compartimos un destino similar. Soy culpable sí, de no haberte dicho antes lo que ocurría, pero ya es pasado y espero que a su debido tiempo puedas perdonarme. —El hombre estiró una de sus manos buscando una de las de Laurant y la tomó entre sus dedos, dejando sentir su suave y tibio tacto, mientras sonreía sereno.

Lastima que la calma no duró tanto como él mismo podría haber querido, la mesera llegó con los pedidos de ambos interrumpiendo la charla entre ambos, pero o fue solo eso, sino que en cuanto se retiró, pudo percibir que el lugar se encontraba algo mas vacío y para colmo, la gente que aun quedaba allí no lucía como gente "normal". Rodó los ojos al pensar que esa noche otra vez iba encaminada hacia algo que no tenía nada que ver con una cena tranquila. El albino miró sus alimentos con buena cara, todo lucía bastante bien y sintió ganas de poder disfrutar de aquellos alimentos con su compañero. Pero parecía que a otros aquello no les interesaba, partiendo por el hombre que se acababa de acercar hacia ellos, quien tenía toda la pinta de un maldito mafioso chino.  

Ioren alejó su mano de Laurant mientras le dedicaba una sonrisa, ignorando la reverencia del hombre en cuestión, más no pudiendo evitar el escuchar sus palabras. —¿hmmm? —Los orbes de Ioren pasaron del mafioso hacia su compañero. La muchacha que les había atendido no les había informado en ningún momento que el piso había sido arrendado y además...
Esta vez los orbes grises del mercenario se dirigieron hacia una de las pocas mesas que mantenía gente. En la misma se hallaban sentadas dos chicas comiendo, mas allá, en otro mesa descubrió a los tíos que debían de haber mandado al que les estaba echando prácticamente. Sí, uno de ellos les estaba mirando como si esperara ver que aceptaban largarse encantados y con el miedo implantado en sus ojos. —Realmente no creo que sea posible que nos retiremos. Verás, nadie del propio recinto nos ha informado que el lugar a sido…—Ioren miró al que debía ser el cabecilla de toda aquella gente. —arrendado, y estás interrumpiendo nuestra comida, así que te pido de buena manera que nos dejes en paz. —Y vaya que lo estaba pidiendo de buenas, cabreado las cosas serían muy distintas. Observó al hombre con una mirada seria, quizá lo suficientemente severa como para dejarle claro que no tenía intensión de marcharse.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 14, 2013 8:11 am

Por fortuna Ioren en varios aspectos parecía mucho más maduro que Laurant, se había tomado bastante bien todo lo que el castaño le había dicho, aquellas palabras que incluso él temió en un momento que fuesen a herir al albino, pero aquello no sucedió y el chico de las bombas se sintió tranquilo por dentro, con varias de sus inquietudes resueltas gracias a las correctas palabras de su jefe... bastardo, ahora entendí por que lo habían nombrado jefe, el pequeño renacuajo era más hábil y concienzudo de lo que aparentaba, sin duda había crecido mucho desde que los dos habían dado sus primeros pasos en Sword. Al sentir el calido toque de la mano de Ioren, una suave sonrisa se apoderó de los labios de Laurant, quien movió su mano y apretó la de su amigo por igual, dándole confianza, haciéndole saber que seguiría a su lado sin importar nada... Ioren tenía razón, por que carajos debía importarle lo que lo demás pensaban?, cuando había comenzado a importarle?, era estupido y por suerte, el albino se lo había hecho ver.

Decidió guardar silencio, estaba pensando como responderle, decirle que le creía y que confiaba en él por sobre todas las cosas, y cuando las palabras tomaron contexto en sus mente... fueron interrumpidas. Podría decirse que casi se sobresaltó cuando una marcada voz oriental le interrumpió, allí estaba un tipo con cara de mafioso por donde se lo viese, parado todo altivo y orgulloso frente a la mesa de los mercenarios, pidiendo firme pero cortes que se marcharan debido a que un tal... Han, había arrendado el piso... pero que carajos??. Odiaba a ese tipo de gente, hombrecitos con dinero que se creían dueños de todo y pensaban que podían comprar con billetes incluso la libertad de las personas. Laurant masculló una maldición pero Ioren se adelantó, ofreciendo una negativa que fue compartida por el castaño, quien se limitó a mirar a aquel hombre con un gesto neutro y no interrumpir a su amigo mientras ofrecía un contra argumento.

Con el vapor y el agradable aroma de la comida llegando a la cavidad olfativa de Laurant, éste torció su torso con desden y se reclinó contra la silla antes de dar su veredicto. -Dígale a ese tal Han que espere su turno como todos los demás, no me iré de aquí sin mi comida y la compañía de mi amigo, y si alguno de ustedes pone un dedo sobre mi comida, se irá a casa con un muñón en lugar de mano... Han puede arrendarme mi dedo medio por lo que a mi me importa.- respondió mientras le guiñaba un ojo al chino y regresaba su atención a la comida, preparando sus recién abiertos palillos para darse un festín oriental. Por supuesto que podía oler la densidad del ambiente, sentir que algo realmente heavy se estaba gestando en ese lugar, y que al negarse a marchar ante el pedido de su interlocutor, tanto Laurant como Ioren estaban dando un paso hacia un balde de mierda que podría cubrirlos hasta el cuello... pero hey!, la vida es dulce y realmente tenía hambre, además... las chicas en la mesa cercana a la de ellos parecían estar siendo incordiadas por aquellos ojos rasgados, y si bien Laurant no era un caballero de brillante armadura, si alguno de esos tipos se le pasaba la pinza, las mesas volarían en el aire como en el lejano oeste, con o sin el permiso de Ioren.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 20, 2013 6:15 pm

Estaban perdidos. Jodidamente perdidos. Absolutamente perdidos.

Llamar a la policía era un "Hola, vengo a suicidarme".
Llamar a Wushi era un "Hola, vengo a pagarles más aún".
Llamar a... ¿A quién más? ¿A sus padres, para que la salvaran del embrollo?...


¡POR FAVOR!


Suzie se mordió la uña de un pulgar con fuerza, rompiendo un poco el esmalte blanco de su manicure. Lanzó una maldición en inglés y un par de personas la miraron mientras caminaba de un lado a otro en la puerta de la cocina... ¿Cómo solucionar todo? Eran una mezcla de chinos y japoneses, una alianza establecida en la escasa actividad criminal de New Haven... O algo así le habían explicado la primera vez que Han llegó e intentó llevársela a la cama. Ella casi cedió -el viejo tenía dinero para quemar-, pero su jefa le había dicho toda la verdad respecto al hombre y solo por eso prefirió no hacer más caso. Y, por ser una alianza, no podía llamar a ninguna facción, en ese caso era mejor conseguir una cuerda y tirarse del segundo piso con un nudo al cuello.

Lo sentía por las dos pobres chicas, sobretodo la de ojos azules que era la más tímida. La de cabello blanco era decidida, sería la primera a la que Han querría pero si se llegaba a aburrir de ella, o no la tenía rápido... La de ojos azules la pasaría peor aún porque se desquitaría con ella.

Los escuchaba moverse en el piso de arriba, cerrar las ventanas y puertas... El viejo truco del "arrendamos todo este piso", seguramente querrían echar a los otros clientes con toda esa peste de los puros y el alcohol... Los ojos de Suzie se iluminaron de repente, su respiración paró y detuvo la caminata. ¡Eso, eso podía servir para que huyeran!

Tomó dos boletas y escribió un precio cualquiera en ellas, luego garabateó algunas palabras en la parte de atrás y tomó una bandeja en la que dispuso algunas golosinas occidentales: Muestras de pasteles, la nueva "división" alimenticia del Duōshao qián. Eran 4 cubitos de distintos sabores y texturas, estaban experimentando con eso así que, por consumir sobre un precio determinado, regalaban pastelillos para fomentar la fidelidad de sus clientes. Bien, podía hacer una excepción y que se jodiera su jefa si venía a molestarla por eso.

Ya preparada, tomó la bandeja y lanzó un suspiro, arregló sus cabellos con una mano y también se secó el poco sudor del cuello y el escote. Dios, ojalá funcionara.

En el segundo piso, Han lanzó una carcajada que bien podría haber recordado al grito de una hiena. Los ojos de Laqi se entrecerraron y convirtieron en dos estrechísimas líneas oscuras. Pendejos de mierda, no saben con quiénes se meten. Fang lo miraba con fijeza, aún comiendo aunque ya no era con tanta presura. Laqi parecía la clase de hombre que se mantenía sereno pese a todo, Han el que confiaba demasiado en su poder... Los problemáticos serían los subordinados. Eran 7, cuatro de ellos bastante musculosos y altos, los típicos guardaespaldas; los otros tres eran delgados, la fisonomía propia de los artistas marciales. Ninguno parecía llevar armas de fuego, pero las apariencias son engañosas... Los dos jóvenes parecían muy enfadados por ser interrumpidos, y Han se reía de ellos como si fueran un espectáculo.

Alcanzó a escuchar las palabras en chino que decía mientras se reía. "Miren esos asquerosos volteados, hacen el amor con la puta comida. Ya están invadiendo hasta el Barrio Chino los muy maricones." Típico hombre que se creía mejor que otro simplemente por ser "normal" y tener apetitos por una mujer... Disimuladamente dispuso su propia servilleta de papel sobre el cuchillo que usaba y luego la tomó para dejar el arma horizontalmente en la cintura de su falda y su piel. El que Ioren y Laurant se llevaran las risas de Han y sus lacayos la salvaba de ser vista. Incluso un plato roto podía ser un arma decente, o un vaso, un trozo de vidrio, una silla... Pero no quería llegar a eso. Silvia la creía una pobre oveja cercana al matadero, y por eso se movía nerviosa mientras "disfrutaba" la cocina china original...

Entonces llegó Suzie, luego de recibir otros agarrones y silbidos, aparte de palabras sucias, sonriente como si nada pasara. Como si todo fuera normal... Seriamente tendría que plantearse el estudiar teatro aunque su padre la matara.

-Disculpen, es cortesía del Duōshao qián. Regalamos una muestra de pasteles cuando les entregamos la cuenta... Ya saben, para endulzar la vida, ¿no? -Había urgencia en sus ojos, deslizó la cuenta hacia Silvia mientras la miraba con fijeza al depositar los pastelitos entre ambas comensales.- El detalle está escrito atrás, ¡gracias por venir, esperamos que disfruten todo! -Se acercó a la mesa de Ioren y Laurant y, por mantener las apariencias, Laqi se alejó bufando como un perro rabioso mientras miraba a su jefe, quien aprobó su actitud más mesurada -temporalmente-. La mesera repitió sus palabras, siempre sonriente, y entregó la cuenta a Ioren... Las dos figuras que había visto más autoritativas en ambas parejas.- ¡Que tengan una buena noche! Procuren disfrutar su estancia en el restaurante.

Dicho eso deslizó la tabla entre sus dedos sudorosos y realizó una reverencia rápida, luego se alejó hacia la mesa de Han y recogió algunas botellas vacías que se llevó al primer piso... Sin siquiera mirar atrás.

-Bueno, basta de toda esta mierda.- Han se levantó del sofá, estaba harto de toda esa dilación. Quería tener lo que se le antojaba ya, el whisky lo acaloraba y potenciaba sus deseos.- Jóvenes, lamento decirles que la linda Suzie olvidó por completo mencionar que teníamos una cita para arrendar el piso hoy... Ya la vieron, por eso estaba tan nerviosa la pobre. -Sonrió, una de esas curvaturas de labios predadoras que le hacían ganar a sus "clientes".- Mis amigas están hartas de esperar que se retiren, incluso Suzie les entregó la cuenta y yo la pagaré gustosamente mientras abandonen el recinto. De lo contrario... Bueno, los chicos tienden a ponerse pesados.

Al instante los siete acompañantes de Laqi y Han se acercaron para rodearlo en un semicírculo. Han ladró un par de órdenes en chino a Laqi y Fang inmediatamente se tensó, se levantó como la buena jovencita asustada que fingía ser y no evitó que Laqi la tomara del antebrazo para tironearla hacia Han.

-¡Suéltame! ¡No quiero! -Intentaba retroceder, pero él era bastante más alto y fuerte. Fue todo demasiado rápido considerando que el restaurante no era muy grande en su segundo piso, en menos de 5 segundos ya la tenía frente a Han y allí la lanzó al suelo como si fuera una muñeca de trapo. La asiática se sentó en el piso y retrocedió, asustada, hasta toparse con la mesa de Laurant y Ioren contra la que se refugió... Estaba primero el mantener su propia identidad oculta y actuar en base a ello.

-Laqi, Laqi. Deberías tratar mejor a la señorita Yun... ¿No ves lo linda que es? Odiaría echar a perder su bello rostro por la negativa de estos caballeros a irse o que la bella Yuki no acepte una simple invitación. Como dije, mis chicos se ponen pesados cuando no tengo lo que quiero... -Desvió la mirada hacia Silvia, siempre sonriente, siempre viéndose casi inocente.- Y siempre consigo lo que quiero. Así que, "caballeros" -pronunció la palabra con claro asco-, váyanse a otro lado a prodigarse amor eterno y déjenme a mí con las chicas, que yo haré lo mío. ¿Entendido? O si no...

Como si hubiera ordenado algo en específico, 6 de los hombres se acercaron a la mesa de Ioren y Laurant. Uno de ellos, el más musculoso, tomó a la muchacha china del brazo otra vez y la lanzó hacia Han, que la dejó caer tranquilamente a sus pies como si ella se estuviera desvaneciendo por su deseo.

-De lo contrario, la linda señorita saldrá más herida de lo que está ahora. Y soy hombre de palabra.- Sonrió, 6 de sus subordinados estaban frente a la mesa de los "hombres" y el séptimo bloqueaba la vista de Silvia al ser el segundo más corpulento. Laqi se encontraba tras su jefe y miraba a Fang como si fuera una muy interesante mariposa clavada con un alfiler.

¿Y Fang? Bueno, mantenía su pose de joven asustada e inmediatamente retrocedió otra vez por el suelo hasta alcanzar con la espalda la mesa de centro en la que estaban los puros, vasos y botellas, se aferró a ella como si no supiera que hacer aunque, por un instante, su cuerpo se relajó por completo y entonces calculó las opciones de ataque y defensa, los otros tres involucrados y su propio curso de acción... Si algo no pasaba, tendría que usar el último recurso: Matar a Zhen Han con sus propias manos y actuar contra los demás como pudiera si el factor sorpresa la salvaba..

Ella no lo sabía, pero la cuenta que Suzie había entregado a Silvia e Ioren sí tenía un mensaje tras ella. Algo que parecía tonto pero, bien usado, era una ventaja clara y MUY desesperada si decidían, finalmente, huir...

"Han no se va a rendir. No importa lo que pase... Instalamos alarmas contra incendio hace poco, no sabe, y como las probamos las podemos prender y apagar desde la cocina. Las encenderé en unos minutos... Hay una escalera de servicio a la derecha del balcón, no se ve pero si saltan siguiendo la pared la encontrarán.

Eh... La comida va por cuenta del restaurante... "

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 21, 2013 9:00 pm

La comida aunque deliciosa ya no llenaba a la joven peliblanca, su unico ojo no dejaba de pasearse entre Laqui, Han y los matones que cerraban todo como si les perteneciera, en verdad no soportaba aquel tipo de gente, le daban autentico asco, seguramente por eso su comida ya no la llenaba tanto como antes.
Mientras comia en silencio Han solto algun que otro insulto hacia los comensales de la mesa de al lado, los cuales Silvia no alcanzo a ver su reaccion, centrada mas en el hombre de la perilla y lider de todos lo que alli se encontraban con caras de pocos amigos. Con gusto le quitaria esa sonrisa de la boca, de esta noche no escapaba, eso seguro.

Y de pronto llego la camarera, con una sonrisa aun mas forzada que las anteriores, sus ojos mostrando nerviosismo, su cuerpo tambien, solo le faltaba un letrero sobre ella que dijera: "Estoy nerviosa, conducir con precaucion." Era una suerte que no se chocara con nada, aunque seguramente se debiera al echo de que se conocia el local como la palma de su mano, dejando tambien la cuenta sobre la mesa de los chicos de la misma forma que la habia dejado en la de ellas, con una ligera reverencia y seguramente aquella sonrisa forzada por las circunstancias.
Mientras la camarera se iba cogiendo las botellas de los matones la peliblanca observo que muchos de los ojos la miraban con lascivia, queriendo quitarle el vestido chino y tumbarla sobre la mesa posiblemente, simplemente asqueroso.

Y cuando el sonido de la tela de Suzie desaparecio por la puerta todo comenzo a acelerarse, el alcohol habia envalentonado al lider que se levanto de su asiento dando berridos a los otros participantes de aquel burdo evento.
La policia vio como Fang se levantaba de la mesa asustada, siendo cogida casi al instante por Laqui, que la llevo hasta aquel asqueroso tipejo, ahora veia a Fang como un cervatillo asustado, una victima que aquel psicopata disfrutaria en destruir y eso era algo que ella no permitiria.

Durante un instante sintio su sangre hervir, su corazon acelerarse de rabia pero respiro hondo y observo, buscando el momento oportuno para moverse, para atacar sin que se lo esperasen. ¿Como iban a pensar que una jovencita de pelo blanco y mirada seria iba a darles tan fuerte que recordarian el dia que nacieron? Y dios mio como se les ocurriera tocar un solo pelo de la cabeza de Fang.


De lo contrario, la linda señorita saldrá más herida de lo que está ahora. Y soy hombre de palabra.  Aunque habia escuchado todas las palabras de Han sin decir palabra aquella frase calo muy hondo en su interior, aquello era un declaracion abierta de agresion, razon mas que suficiente para ponerlo como defensa propia en los informes.
Frente a ella todos los mafiosos rodeaban la mesa del albo y el moreno, la vision de Silvia tapada por tanta espalda junta frente a la mesa, viendo solo un monton de cuerpos sudorosos y malolientes.

Tenia que alejar a Han de aquellos hombres ¿Pero como? Pelear sin sus armas seria un poco suicida, aquellos hombres podian estar armados y ella solo contaba con... un cuchillo de cortar carne, que gran utilidad. Bueno, menos da una piedra.
Con la vista siempre en los Yakuzas cogio el cuchillo guardandolo dentro de su manga derecha para sacarlo con rapidez cuando fuera necesario.
Tenia que pensar, tenia que hacerlo rapido, tenia que actuar.


Señor Han, espero que no se este olvidando de mi dijo Silvia desde donde se encontraba Deje a esos hombres con sus amigos, deje a mi amiga en paz y cojame a mi, por favor.

Por ahora lo mejor era hacerse pasar por un cordero desvalido, hacerle pensar que estaba tan desesperada como para cambiar su cuerpo por el de Fang, cosa que en verdad seria capaz.
Al oir aquellas palabras el castaño giro su rostro mirando a Silvia, su rostro perlado de sudor, sus ojos despidiendo deseo sexual mal contenido. Pero sobretodo mostraba rabia porque aquellos hombres no se fueran ya cuando veia que ambas chicas se mostraban tal y como el queria.


Laqui, quedate aqui. Si estos tipos no quieren irse ya sabes que hacer dijo Han lo suficientemente alto como para que lo oyeran tambien los otros clientes. Me voy a divertir un rato, cuando acabeis traedme a la otra chica.

Con una sonrisa en los labios se acerco a Silvia sentandose en una silla frente a ella, mirandola con aquellos ojos de cerdo, el cuello grasiento, las manos sudorosas y apestando a alcohol.

Ven aqui pequeña dijo Han golpeando su muslo con suavidad  Subete en el regazo de papi ¿Si?

Silvia respiro hondo, levantandose de su silla  y colocandose sobre aquel hombre, mareandose un poco por el olor a whisky fuerte y tabaco caro. Con sus manos cogio la cara del hombre girando su cuerpo de modo que el cuerpo de Han le sirviera como escudo humano, teniendo la mesa detras de ella para parapetarse en caso de necesidad.

Y sin previo aviso los labios de aquel hombre buscaron los de Silvia, esperando forzarla a que lo besara, disfrutando con la manipulacion de lo que el pensaba que era su presa, que equivocado estaba.
Con un rapido movimiento la joven albina saco el cuchillo de dentro de su manga colocandolo a la altura de la yugular de Han, el cual noto el frio tacto del acero sobre su piel sonriendo divertido.


Vaya, la gatita tiene garras. Dime gatita ¿Que haras? Me clavaras tus afiladas garras en mi carne, ¿Serias capaz de matarme? ¿De matar a una persona? dijo sonriendo ebrio de poder, intentando asustar a quien creia era una chiquilla asustada.

Pero para toda respuesta Silvia cogio el tenedor colocandolo en el vientre de aquel apestoso mafioso, mirandolo con seriedad, haciendole comprender que se habia metido en la boca del lobo.
Lo que Silvia no esperaba es que aquel hombre intentara abofetearla aun en esa posicion, echando la cabeza hacia atras esquivando el golpe, cortando en este movimiento la grasienta piel de Han, el cual se quejo de dolor al sentir el metal hundirse en su piel.
Silvia aprovecho el que habia echado la cabeza hacia atras para dar un fuerte cabezazo al hombre, que gimio de dolor al sentir como su tabique nasal se fracturaba bajo la dura cabeza de la joven.


Maldita zorra, ¿Quien te crees que... gimio el hombre dolorido deteniendose al sentir el tenedor pinchar su estomago y el cuchillo apretar su cuello.

Ahora tu me vas a escuchar a mi, si te portas bien puede que incluso salgas de esta ¿Vale? dijo la joven acercandose a el al ver como Laqui giraba la cabeza, desde su posicion solo veria como su jefe se lo pasaba de miedo con la chica, en todo el ambito de la palabra. Y...

Una vez mas aquel hombre intento zafarse, empleando todas sus fuerzas, incluso estando borracho era bastante fuerte, pero Silvia estando sobre el era quien tenia la de ganar por lo que volvio a darle otro cabezazo, esta vez no hubo quejido, solo un golpe seco y cuando Silvia levanto su mirada vio que Han se hallaba inconsciente, vivo pero inconsciente. Bueno, uno menos del que preocuparse al menos.

Colocando las manos del sobre el regazo para que pareciera que estaba dormido se levanto del cuerpo de aquel hombre y puso los pies en el suelo limpiando su frente de la sangre de Han con una servilleta rapidamente, acercandose a Laqui que la miraba extrañado.

Di... disculpe, el señor Han se ha quedado inconsciente. ¿Podria venir conmigo? Lo he intentado pero no se despierta dijo Silvia queriendo parecer lo mas preocupada posible Me dijo que si no hacia lo que decia haria daño a mi amiga y...

Con un sonido de desagrado Laqui mando a dos de sus subordinados a comprobar el estado de su jefe, con Silvia delante de ellos, cuando se acercaron y vieron al jefe inconsciente y ensangrentado fueron a dar la voz de alarma.
Silvia fue rapida y letal, el que tenia mas cerca cayendo primero, golpeando sus piernas para que cayera al suelo y tumbandose sobre el, cogiendo su brazo diestro y retorciendolo hasta que sono un crack y un grito de dolor, seguramente aquel alboroto alertaria al resto por lo que tenia que ser rapida, aprovechando la sorpresa del otro maton corrio hacia el golpeando su torax para que se doblara sobre si mismo, cogiendo su cabeza y estampandola contra la mesa con un sonoro golpe. Mientras lo hacia vio que el maton llevaba un machete en el cinturon por lo que lo cogio tirando de el y corriendo a parapetarse detras de la mesa antes de que intentaran dispararle.


Siento haberles aguado la noche, señores - dijo refiriendose a los dos comensales, el albino y el moreno Parece que esta noche tendremos cena con espectaculo, si son tan amables les recomendaria que se quedaran en una esquina y protegieran a mi amiga, si por el contrario desean ayudar esta jovencita les estara eternamente agradecida

La forma de hablar, la forma de arrastrar sus palabras y el acento que utilizaba era para molestar a los matones, enfuerecerlos. Un enemigo furioso es un enemigo mas peligroso pero tambien mas facil de hacer caer en trampas, ademas avisaba a los caballeros que se retiraran o ayudaran, cosa que no sabia si harian, aunque habia notado desde que entro que aquellos no eran civiles normales.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 23, 2013 4:51 pm

Como siempre, si no le dabas el juguete al niño comenzaba a berrear en busca de conseguir lo que deseaba. La paciencia del mercenario tenía su límite y aquél grupo de matones chinos estaba por encontrarse de cara frente al no-tan-amable Ioren. Rió ante la respuesta de Laurant. Demonios, su compañero siempre tenía formas ingeniosas de dejar a la gente en ridículo. El albino observó con atención como la mesera se acercaba esta vez con lo que parecía ser una bandeja con dulces y seguramente la cuenta, claro claro, ¿y así aquellos hombres esperaban que creyeran que el local había sido arrendado? pffff. Pero como dicen por ahí, siempre esta el idiota homofóbico. Y con eso la paciencia del albino se fue de vacaciones al maldito caribe. Sus orbes se fijaron en su amigo y luego se movieron hacia la mesa de las dos muchachas más cercanas, ellas parecían ser el objetivo del tipo regordete y asqueroso que los había estado mirando antes en busca de verles partir del local. Entonces la mesera por fin llegó hasta la mesa de los mercenarios y depositó sobre la misma la bandeja con los dulces y al costado una nota, la cual Ioren tomó sin mucho interés...aunque al darla vuelta, leyó con mayor atención, aunque sin dar ninguna impresión, luego la misma la deslizo hacia Laurant para que viera la "información" de la cuenta.  Ioren volteó sus ojos hacia la mesera y le sonrió agradecido por "la cuenta".

Lastima que aquella sonrisa tuviera que irse tan pronto y se fue junto con las nuevas palabras del que parecía ser el jefe del grupo de matones. Ioren observó nuevamente a las mujeres en busca de aquella expresión de hastío a la que el gordo se refería y no, no veía ni una pizca de ganas en las chicas de que ellos se retiraran. ¿Así que sus chicos tendían a ponerse pesados?
El albino suspiró antes de mirar a su compañero con cierta complicidad y hablarle como si todo fuera completamente normal y de hecho, el par ya estaba acostumbrado a que sus planes se vieran rotundamente modificados por agentes externos. —Siempre podemos comer luego de limpiar la mugre ¿no? —Ioren apoyó su cabeza sobre una de sus manos al tiempo que dejaba el codo apoyado contra la mesa. De repente ya estaban rodeados por un grupo de tíos chinos que creían poder con ellos dos. Ioren mostró los colmillos que tanta fama de "anormal" le habían dado con el paso del tiempo. Por supuesto sabía que no debía ser completamente evidente de su fuerza, pero quizá no fuera necesario ser tan rudo con esos tipos, tan solo lo suficiente para que dejaran a los demás clientes en paz y se fueran a su casita a limpiar sus traseros.

Fuera del círculo de idiotas que pretendían sacarlos del lugar, una de las muchachas que antes habían visto —la de cabello negro— había sido tomada por la fuerza. Lo siguiente fue el retumbar del cuerpo de la misma contra el piso y el movimiento por parte de ella en busca de refugio bajo la mesa de ellos, pero los chinos no tenían intención de permitirle que se escapara fácilmente. Demonios, si aquél hombre seguía jugando a entorpecerles la noche, sería el primero en mirar de cara a la muerte. Seis de aquellos bastardos se les vinieron encima mientras otro tomaba a la azabache y se la llevaba junto al jefe. ¡Ah! Lo que faltaba, ahora los amenazaba con herir a aquellas mujeres. —Este tipo no tiene idea de escrúpulos. —Le comentó Ioren a Laurant mientras sonreía como si estuviera disfrutando de una película. Mierda que podía ser tan rápido como para terminar aquello en un par de movimientos armado solo con un cuchillo, pero eso no era divertido y a falta de una buena cena, lo mínimo que podía hacer era prodigarle algo de diversión a su compañero, aunque no se arriesgaría a permitir que las dos muchachas salieran lastimadas pero...¿realmente eran tan indefensas como se veían?

Como respuesta a este pensamiento, la otra muchacha, la del parche en uno de sus ojos, habló al jefe del molesto grupito. No, definitivamente aquellas palabras no iban con la expresión extrañamente tranquila que poseía. Arregló ser ella la primera "presa" en lugar de su compañera y la llevaron hasta un lugar que Ioren no alcanzó a distinguir bien por la presencia de aquellos tipos aún alrededor de ellos. Que curioso, querían que se marcharan y aún así no tenían intensiones de provocar una riña ¿eh? Claro, porque pensaban que tenían la situación controlada solo con mostrar algo de "autoridad" frente a todos. No pasaron más que un par de minutos para que la muchacha de albinos cabellos reapareciera y atrapara la atención de los matones con sus palabras. ¡Ja! ¿Así que el chino mayor ya estaba fuera de combate? Demonios, aquella chica debía estar escondiendo a una poderosa entidad. la que terminó por quedar al descubierto cuando se supo que el jefe iba derechito al mas allá, allí donde no tendría su grupito de subordinados que le consiguieran todo lo que deseaba.

No habían tenido hasta ese momento la más pequeña necesidad de levantarse. La azabache se hallaba bien, o al menos ya no la tenían como objetivo, pero sin embargo, ahora venía el enfrentamiento con los "dolidos" matones quienes acababan de perder a su jefe y debían estar realmente enfurecidos. Ioren observó otra vez a Laurant antes de ponerse de pie y tomar uno de los cuchillos para carne que tenía sobre la mesa. —Bueno, no es que sea muy bueno peleando, pero te ayudaré. Después de todo, estos tipos arruinaron nuestra cena. —El albino adoptó una postura de pelea con el cuchillo frente a él, tomando un objetivo rápidamente. Se trataba de uno de los seis que habían venido a desalojarlos, el tipo era corpulento y de movimientos algo lentos. Ioren se dirigió hacia el no costándole ni tres pasos el estar encima de él, propinándole un golpe en el medio del estómago para luego, ante la reacción de él de tomarlo por el cuello, hacerse hacia atrás y agacharse, dando un certero golpe con el cuchillo en una de sus piernas, por detrás de las rodillas, provocando una hemorragia que pronto hizo que el sujeto perdiera la concentración en la pelea para revisar la herida, mala idea, Ioren aprovecho el momento para darle un golpe directo con uno de sus puños contra la cara y tirarlo de bruces contra el piso. No tardó en venírsele encima otro tipo, aunque esquivó el golpe del mismo y se hizo hacia un costado, retomando su postura de pelea con el cuchillo al frente, limpio de sangre.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 24, 2013 9:27 am

Laurant ya había asumido que todos los allí presentes habían pasado el punto de no retorno, aquel encuentro estaba destinado a no terminar en nada bueno, los matones no tenían pensado ceder y tanto Ioren, Laurant como las dos chicas allí presentes ya se encontraban dentro de una espiral que los conducía inequívocamente a la cadena de eventos que se sucedieron tán rápido y fuera de control como un tren sin frenos. De entre todos los presentes, Laurant sentía interés especial en la chica albina del parche, allí tan quieta y tan tranquila, la hacía lucir como aquella persona de la que menos te esperas un movimiento, pero al contrario es la que se encuentra más preparada de entre la multitud. En su mesa y de tanto en tanto le echaba un ojo incluso a través del muro de estupidos matones que les rodeaban y pretendían impresionarlos o asustarlos, por el amor de Alá como quería sacar una bomba y metérselas en la boca a cada uno para verlos volar en cientos de arrogantes pedazos.

Apretó los dientes y se contuvo mientras concentró su mirada en Ioren y sus palabras, la cuenta que la amable camarera les entregó pasó de las manos del jefe a las de Laurant, y éste leyó el "detalle" y lo tuvo bien en cuenta, de cierto modo supuso que podría llegar a necesitarlo según la situación se fuese desenvolviendo; los insultos de los matones le valieron mierda, salvo aquel visiblemente homofóbico y que encendió la mecha de la propia mecha interna del mercenario, la cual avanzaba lentamente hacia el explosivo final, lo cual desencadenaría en un desastre en cuestión de segundos. Y mientras se llevaba un dulce y delicioso pastelillo a la boca (la camarera estaba en lo cierto, aquel postrecito dulce tenía todo el potencial, al menos se había ganado ya un admirador), observó a la chica del parche levantarse antes de que la tensión del lugar explotase cual volcán; una amplia sonrisa se dibujó en los labios del castaño, el cual con suma atención siguió con la mirada los confiados y felinos movimientos de aquella mujer, la cual sin más y sin siquiera un atisbo de duda comenzó a coquetear con el jefe mismo de aquella piara de cerdos.

Y entonces tal y como lo sospechaba, aquella chica despachó al líder como si fuese poco menos que un muñeco de trapo, con rapidez y sutileza... eso le gustaba, pero a la vez reveló que estaba más allá de un civil, esa mujer era altamente peligrosa y no podía olvidar que el mismo jefe de Sword se encontraba allí, si la tapadera se iba al diablo, toda la organización estaría expuesta, aquello ya había pasado de una cena a una misión de protección, y quizás de eliminación. -No se tú, pero yo ya estoy cansado de éstos imbeciles...- mencionó en tono tranquilo, pero de manera totalmente imprevista y mientras el desastre se desataba a manos de Ioren y la dama del parche, Laurant se puso de pie y de un salto acabó sobre la mesa, acuclillándose levemente para entonces dar un salto digno de las olimpiadas, el cual lo catapultó sobre los matones y, casi como en una escena de película de acción a cámara lenta, se lanzó sobre Laqui, su mano derecha totalmente extendida hacia atrás mostraba un objeto redondo con una mecha incrustada en la misma, su mano izquierda se posicionó al frente de su cuerpo, y mientras el desprevenido Laqui observaba como la ruina caía sobre él, aquella mano izquierda se aferró al cuello del matón, el cual al abrir la boca para ladrar alguna orden, solo consiguió que la bomba que Laurant sostenía acabase metida dentro de la cavidad, atorándose casi a la altura de la garganta. La potencia del salto lanzó el cuerpo del chino hacia atrás, directamente de nuca al suelo y el cuerpo del mercenario terminó sobre él, con una rodilla al pecho.

Rápidamente la mano derecha ya libre del arma buscó el mechero en el bolsillo y con un chasquido le dio fuego, acercando la llama peligrosamente a la mecha; el fuego danzó y se bamboleó frente a la respiración nasal de Laqui, el cual totalmente aturdido y aterrado solo atinó a sacudirse en vano, y mientras su frente se perlaba de sudor, sus ojos de miedo y sus pantalones se mojaban con su propia orina, Laurant lanzó una mirada asesina al resto de los matones. -Bueno bueno... creo que todos deberían dejar ésta mierda y salir de aquí mientras puedan, el fuego es muy caprichoso, el más mínimo y torpe movimiento hará que ésta mecha se encienda... y entonces solo tendrán un par de segundos para hacer sus oraciones antes de que todos volemos al infierno solo de ida... que dicen?, podemos marcharnos todos en paz, vivos... o puedo empezar a volar personas empezando por éste imbecil de ojos rasgados- musitó con frialdad mientras guiaba su mirada hacia la chica Fang, dedicándole una tenue sonrisa antes de agregar -sin ofender- y regresar su atención a los presentes, mientras la llama del mechero casi podía lamer el principio de la mecha; ya no le importaba un carajo si se descubría quien era él, su prioridad era proteger a Ioren aún a costa de exponerse a sí mismo.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 25, 2013 11:00 am

Fang~ escribió:Disculpen la falta de respuesta, he estado mega ocupada esta semana -trabajo nuevo- y tratando de equilibrar todas las cosas. ¡Esta semana responderé sin falta! -ni siquiera me conecté en esta semana-

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 29, 2013 5:58 pm

El escenario había cambiado en 180º, y Laqi lo tenía horriblemente claro. Se estremecía, sudaba y a veces tosía por la bomba en su boca, acercándose peligrosamente la llama a la mecha que sobresalía de su boca y estaba mojada no solo con su saliva sino con su sudor. En un acto inconsciente sus manos buscaron a qué aferrarse, encontrando solo el pie de "Yun" que tiró como si ella pudiese salvarlo, era una buena chica, era inocente, era...

Se encontró, al verla a los ojos, con una mirada tan fría como dos tempanos de hielo milenario: Los ojos de la chica estaban dirigidos solo hacia él, y el flequillo los ocultaban del resto. Sus rodillas aún temblaban, igual que sus brazos e incluso el pie que tocaba... Los hombros tensos procuraban ese tremor plenamente natural a sus extremidades, sus labios estaban contraídos y la piel más pálida que antes... Pero sus ojos no revelaban nada de miedo, ni siquiera incomodidad. Quiso tragar y sintió el impulso de vomitar, pero no podía mover la cabeza o sino la mecha se encendería.

Fang sabía que acabar con Laqi y Han sería solo un tremendo problema para Wushi, el restaurant y todos los que se encontraban allí... Una mujer de cabello blanco y con un parche, un hombre con el mismo color de cabello y otro que evidentemente se manejaba no solo con la lucha sino los explosivos, y tenía ojos carmesí. ¿Cuán difícil sería encontrar a tres seres con esas características? Ella siempre sería la asustadiza asiática, la causa de un gran problema para aquellas personas. Silvia, la joven de actitud seria que era muchísimo más de o que mostraba. Ioren, evidentemente muy respetado por su compañero en una fidelidad que iba, quizás, más allá de la categoría de "amantes". Laurant, un ejecutor que no necesitaba pensar demasiado porque sabía bien cómo actuar. Se sintió identificada con cada uno de ellos, y por eso sintió el irrefrenable impulso de protegerlos pese a que podían ser sus enemigos sin que ella lo supiera.

Se sentía levemente responsable. Era territorio Wushi y, pese a que ella no era lider ni nada remotamente similar, ni quería serlo, sí sabía que el Duōshao qián estaba bajo protección de los Leones. De todos los posibles resultados estaban llegando al peor, uno que no convenía a nadie porque la venganza de ese grupo sería no solo contra ellos sino contra todo el Barrio Chino y los dueños del restaurante. Uno de los puntos fuertes de Fang era pensar fríamente las cosas y llegar al resultado óptimo no solo según lo que le convenía a ella sino a un bien mucho mayor en el que ella no estaba necesariamente involucrada.

Así que, cuando Laqi había visto en sus ojos, ella estaba debatiéndose entre su deber y sus deseos... Entonces Laurant habló, y ella pestañeó para cambiar su mirada a la temerosa y cristalina de antes, asintiendo como si estuviera perdida, quizás pasmada. Musitó unas palabras en chino y volvió a pestañear, negó con la cabeza y pareció más recuperada.

-G-Gracias... Yo... -se calló otra vez, recorrió el lugar con la mirada y juzgó cada factor con la fría precisión que la hacía bien conocida en Wushi. Era analítica, una máquina de pensamiento rápido y práctico fruto de los años como asesina a sueldo, las horas de estar recostada con un rifle francotirador al frente, soportando el frío, el hambre, la sed... Cualquier impulso humano que pudiera estremecer sus dedos quedaba vedado y, en ocasiones como la actual, su cuerpo reaccionaba instintivamente según lo que otros esperarían ver de ella. Había esperado tener que enterrar el cuchillo en el cuello de Han o Laqi... Pero confió en sus instintos agudizados por la meditación, aquellos que le decían "Aguarda, hay mucho que no ves aún pero pronto entenderás", y se llevó más sorpresas de las que esperaba.

Y es que, si bien había pocas cosas que sorprendieran de verdad a "Yun", una de ellas siempre sería el equivocarse tan poco con sus corazonadas. Se alegraba de no haberse mostrado ni en habilidad o pensamiento. Sus palabras anteriores, en chino, habían sido un mensaje para Laqi y, aunque el asiático había empalidecido más aún y el sudor en su piel se había congelado, todo podría deberse a la situación y no a lo que ella había dicho con tanta ligereza. Una amenaza clara seguida de una promesa, el cadáver del rey que luego mostraba el trono vacío.

De los matones quedaban 3, uno que había atacado a Ioren había volteado para dirigir su puño en un golpe ascendente directo al hígado del joven... Cuando Laurant había tumbado a su segundo jefe. Entonces todo se detuvo, los tres sujetos se habían quedado quietos aunque uno de ellos había extraído una beretta y apuntaba hacia Ioren -quien estaba a unos tres metros de él. mientras el primer atacante estaba quieto tras el joven. El tercero se fijaba en Silvia, dientes afuera y expresión entre confusa, asustada y furiosa. ¿Cómo era posible que todo fuera tan mal para ellos...?

Un gemido de dolor se proyectó desde la figura inmóvil de Han, que se arrodilló lenta y torpemente mientras se sujetaba la nariz con una mano y miraba a su alrededor: No era ajeno al dolor, lo conocía bien, pero nunca había salido tan mal parado de algo así... Cuatro de sus hombres estaban tirados en el suelo, inconscientes, y él mismo había sufrido ese destino. La borrachera se le había ido por completo, y su rostro y ropa estaban anegados de sangre fresca.

-Cómo... Malditos hijos de puta... -Susurró, su tono mucho más venenoso que antes. ¿Qué más le daba perder a Laqi? Era uno como tantos, encontraría un reemplazo pronto. Lo mismo los otros siete, eran carne de cañón; lo que realmente lo emputecía era haber caído tan fácilmente ante una mujerzuela como Yuki.- Tú, el castaño... Matas a Laqi con una bomba y, o todos salimos volando de aquí, o se muere tu novio -señaló al hombre que apuntaba a Ioren con una pistola-. ¿No te pareció que debías pensar mejor las cosas? ¿Crees que no lo perseguiré hasta saber exactamente quién es, dónde vive, lo que le gusta comer y cómo va de un lugar a otro...? -La sonrisa volvió a su rostro inflamado, luego miró a Silvia.- ¿Tú, también eres tan tonta como para creer que yo no podré encontrar a una asiática de ojos azules o una japonesa de cabello blanco? ¿Que en tu mundo fantasioso son muy comunes...? -Bufó, detectaba las fallas en sus planes con una rapidez propia de la experiencia- Si tú matas a Laqi yo solo pierdo un hombre... Pero me encargaré de que valga por esos dos, y seré especialmente cariñoso con el albino. A la de ojos azules me la quedaré por un largo tiempo, no merece un final tan desgraciado.

Sí, era tan malo como Fang se esperaba. Las decisiones apresuradas parecían perfectas en el instante pero, cuando las comparabas con el gran esquema de las cosas, todo se volvía difuso e incomprensible. Miró a Laqi fijamente mientras Han hablaba, sabiendo que la atención estaría en él, sus ojos nuevamente esos espacios vacíos de dulzura o inocencia. Él asintió muy despacio, ella tensó la mandíbula y se acercó más a la mesa como si buscara refugio tras ella al oír lo que el viejo decía, una mano en su vientre como si temiera de verdad... Una sola mano, la necesaria para deslizar el cuchillo que tenía escondido aún contra la piel, envuelto en la servilleta que camufló el sonido de su caída a la perfección. Quedó en su regazo, se levantó rápidamente y el levantar primero la pierna izquierda hizo que el arma se desplegara en una diagonal a la diestra... Justo donde estaba Laqi.

No necesitó mucha más ayuda. Extendió la mano con rapidez hacia "Yun" como si la fuera a atacar, ella retrocedió asustada y él tomó el cuchillo con la siniestra para cortar en un solo movimiento la mecha al tomar el cabo suelto con la diestra. Se prendió por la violencia del movimiento, pero no pasó nada al estar separada de la bomba. Laqi pudo girar la cabeza y vomitar la bomba que cayó inofensivamente a su lado, la mecha mojada por su saliva y el vómito.

-... Y bueno... Ahora que su principal carta ya perdió toda efectividad... ¿Nos deja- -Un buen momento para que la alarma comenzara a sonar, un ritmo demencial y agudo con el que cualquier palabra se perdía en esa poco melodiosa tonada.

Fang solo miró a Laqi fijamente, él ya tenía su misión personal y el chino se iba a encargar de cumplirla porque, sabía bien ahora, si no lo hacía iba a tener a toda Wushi buscándolo para cortarle la cabeza. ¿Elegir entre su jefe o toda una facción? No, no existía elección alguna. Aprovechó el ruido y la distracción momentánea, nada más que un par de segundos seguramente, para lanzar el cuchillo hacia Han con más precisión de la que parecía posible, dirigiéndolo hacia el cuello del viejo que estaba tapándose los oídos.

El mensaje había sido sumamente claro para sus oídos.

"Si mueres acá, todo acabó para ti y los demás. Si vives y asesinas a Han, te daré una posición en Wushi y trabajarás bajo el mando de Colmillo Azul."


Spoiler:
... No saben cuánto me costó superar la tentación de hacer explotar todo <3...

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 11, 2013 6:31 pm

Desde su cobertura Silvia vio como aquellos dos hombres habian dejado inconscientes a unos cuantos matones, cada uno tenia el suyo propio, el castaño uno, el albino otro e incluso uno la miraba a ella con odio, un odio que casi se podia masticar.
No parecia querer acercarse a atacar asi que ella espero paciente, viendo como el resto lo tenia igual, un eterno tira y afloja que parecia no acabar nunca, justo cuando parecia que nada iba a cambiar el gordo se desperto y comenzo a soltar barbaridades, matar al castaño, quedarse con el albino y torturarla a ella. Al menos sabia que palabras elegir para asustar a alguien, pero mientras no lo demostrara con echos aquello seguirian siendo tan solo lo que eran, palabras vacias.

- ¿Que esperas? ¿Que salga de la mesa pidiendo clemencia? - pregunto la joven desde detras de la mesa - Esperas que las mujeres se arrodillen a tus pies bajo el miedo ¿No es asi? ¿Que bajo crees que tiene que caer alguien para querer estar con alguien como tu?

Aquello no era propio de ella, pero en un momento como aquel queria que aquel hombre prestara toda la atencion posible en ella, habia visto su mirada fijandose por un momento en Fang y no le habia gustado esa mirada, esa mirada lasciva que decia que si ponia sus garras sobre ella la torturaria de la peor manera posible. No era la primera vez que lo veia y no queria dejar que aquello le pasase a ella. Era hora de ponerse en accion.

Justo cuando se puso en pie escucho como las sirenas de emergencia bloqueaban cualquier sonido, por lo que no oyo como Laqui lanzaba el cuchillo pero si vio como Han se llevaba la mano al cuello y esta se cubria de rojo enseguida, intentando frenar la hemorragia sin suerte ninguna. Silvia no se quedo a mirar, aprovecho el momento para coger al hombre que tenia mas cerca y golpearle con el codo en el pecho, obligandolo a doblarse del dolor, para coger su cabeza y golpearlo contra la mesa que se encontraba tumbada a su espalda, dejandolo seco en el acto. Ahora quedaban un par mas, pero estaba segura de que aquellos hombres se encargarian.
Ahora la pregunta era ¿Era un problema Laqui? ¿O habia traicionado a su lider por que iba a dejarlo morir alli? Eso ahora no importaba, a Silvia lo que le importaba era que tenia que alejar a Fang de el.


- ¿Me dejaras paso o tendre que quitarte de en medio? No me importa dejarte inconsciente aqui mismo tal y como hice con tu exjefe antes, solo quiero llevarme a la joven de aqui ¿Estamos? - pregunto Silvia gritando por encima de las sirenas a Laqui, con el cuchillo bien agarrado en una mano, dispuesta a atacar si este hacia el minimo movimiento.

Laqui parecio dudar entre si dejarla pasar o no, pero luego se encogio de hombros echandose a un lado, dejandole paso para que se acercara a la joven que se encontraba en el suelo asustada como un cordero.


- ¿Te encuentras bien? ¿Te han echo daño? - dijo Silvia cerca de Fang, lo suficiente como para que la oyera sin tener que gritar demasiado. Ahora solo tenian que salir de alli y dejar que los regulares se encargaran del resto. Se imaginaba todo el papeleo que tendria que rellenar despues de aquello

Mientras comprobaba que Fang se encontrababa bien llevo su vista a los dos hombres que estaban a su lado, en verdad tal y como habian pensado no eran simples civiles, posiblemente fueran de algun grupo armado de la ciudad, pero no podia ponerse a luchar sin poner en peligro a Fang, por lo que aguardaria a ver como se desarollaban los echos.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 12, 2013 1:56 pm

Sonrió al ver como su compañero también se había unido a la gresca, Laurant no había perdido tiempo y se había tirado de cabeza contra el tipo que antes había tratado de echarles. Tch, por el que lo hiciera explotar en mil pedazos, pero las bombas de su compañero no tenían un alcance tan corto y de seguro le dolería también a los de los alrededores si aquella bomba llegaba a explotar. Pero Ioren, bien sabía que su compañero sabía lo que hacía mejor que nadie, por ende volvió su atención al tipo que ya se había lanzado contra él antes y que ahora lo miraba con cara de pocos amigos. Y allí estaban, las palabras de su compañero, pidiendo que se retiraran a cambio de no hacer explotar al chino y sus compañeros, aquello habría sido seguramente el acto definitorio para que todos salieran de allí. Uno de los tíos que quedaban de pie como el cobarde que era sacó una pistola y apuntó hacia el albino. “¡Que bien! Y yo que pensaba que los chinos eran respetados por su honor…o ¿esos eran los japoneses?...¿coreanos tal vez?” el albino pensó mientras se quedaba quieto. Podría intentar algo, pero en el espacio reducido y la cercanía entre todos, el arma podría terminar disparando contra alguna de las chicas o contra su amigo, no podía arriesgarse a que alguno de ellos saliera herido. El otro tipo que antes había intentado atacarle tampoco se movió pero sin embargo atinó a sonreír ante la nueva imagen del mercenario quieto.

Cuando pensó que las cosas no terminarían por darse vuelta, un gemido se escuchó desde el fondo del cuarto, desde el lugar donde había visto perderse al regordete líder de aquellos matones. “¡Estupendo!” masculló para sí mismo el albino mientras veía como el gordo se movía hacia donde se encontraban ellos. Bien, no era que pudiera dárselas de héroe en una situación como esta, de lo que si estaba seguro es que aquél tipo le estaba colmando la paciencia con sus amenazas hacia Laurant, hacia las muchachas y hacia él. Si existiera una sola persona con poder en este mundo, seguro le denominarían como un dios y estaba prácticamente seguro de que ese chino terminaría dándose cuenta por la fuerza de que no era ni un dios ni el tipo con mas suerte en aquél cuarto.

Abrió los ojos totalmente extrañado al ver la actitud de la azabache, ¿Qué demonios le pasaba? De repente parecía haber entrado en un ataque de pánico o lo que fuese y había ido a parar cerca de Laurant y el otro chino bajo él. No pudo ver bien pero si cuando el tipo pareció librarse de la bomba y escupirla. Estuvo a punto de moverse por miedo a que intentara hacer algo en contra de su compañero y sin embargo, confiaba en que el castaño sabría defenderse y él, aún tenía a uno apuntándole y al otro esperando seguramente a que intentara cualquier cosa para intentar atacarle nuevamente. Buen momento para que sonara la puta alarma. El sonido ensordecedor cubrió todo el establecimiento y Ioren aprovechó el momento y que Silvia se había movido sobre uno de los tipos que quedaban, para encargarse del que aún se encontraba armado. Disparó el cuchillo hacia él, sabiendo que no lo había lanzado de forma que le atravesara, pero el sujeto atinó a cubrirse y fue ese momento cuando el albino salto sobre el, propinándole una fuerte patada en el medio del pecho al tiempo que golpeaba la mano armada, obligándole a dejarla caer sobre el piso.

—Será mejor que nos vayamos ya. —Dijo el albino en voz fuerte hacia su compañero al cual se había acercado luego de que el tío del arma quedara inconciente. Ahora que podía moverse libremente, observó como el viejo regordete caía sobre el piso de rodillas, manteniendo una de sus manos sobre el cuello; sus ojos desorbitados y la sangre espesa que caía sobre su ropa desde el cuello, eran claramente la señal de que alguien ya se había encargado de él…¿quizá el siervo al que había abandonado? Tenían que salir de allí pero ya, sobre todo después de que Laurant se hubiera delatado con aquella bomba.

—Ustedes chicas ¿estáis bien? —Ioren se volvió hacia las mujeres, hablándoles fuerte para que su voz se oyese por sobre el ruido de la alarma. Posiblemente aquello significara la presencia de la policía en cuestión de minutos así que no habría tiempo para “despedidas”. Se movió hacia el costado del local, pateando una de las salidas que habían sido bloqueadas por los tipos del jefe muerto; la misma se abrió sin mayor preámbulo. —Estarán bien, supongo que la policía estará aquí en cuestión de minutos y aquí no queda nadie que pueda hacer problemas. —Fue lo último que mencionó hacia las mujeres, acercándose a ellas para que pudieran escucharle. Les sonrió normalmente antes de alejarse hacia el extraño opuesto, abriendo una de las puertas de vidrio que daba hacia el balcón con las mesas exteriores. —Nos largamos. —Dijo hacia su compañero suponiendo que este leería sus labios y sin más echó a correr hacia el exterior. A ellos no les convenía en absoluto que la policía los atrapara y el albino ya estaba lo suficientemente cabreado como para tener que escapar del NHPD también. Pisó sobre el barandal, dando un largo salto hasta que el techo de la casa siguiente lo recibió, allí esperaría a su amigo y luego saldrían de aquél lugar, juntos.

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Re: Bajo las luces del Duōshao qián [Fang, Mei, Laurant, Raven y todo aquél que desee unirse]

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